31 de marzo de 2010

Como el gobierno podria contentar a los descontentos


  • Dándole más jerarquía y todo el protagonismo a Julio Cleto Cobos.
  • Designando a Carrió o Gerardo Morales al frente de UNASUR, porque ese cargo debe ser ocupado por una persona democrática.
  • Cambiando la constitución para que un colombiano pueda ser presidente.
  • Expulsando a Guillermo Moreno y poniendo en su lugar a Melconian, Broda o Roberto Cachanovski.
  • Cambiando el Indec. Privatizándolo y dándole la concesión al CEMA, a la Banca Morgan, o a Luis Barrionuevo.
  • Acabando con las retenciones. Con todas. Y otorgando créditos sin interés a los asociados y cercanos a la Sociedad Rural, y subsidios para obtener las cuatro por cuatro como herramientas de trabajo.
  • Devaluando. Urgente.
  • Anulando de inmediato todo reclamo de aumento salarial. Basta de paritarias.
  • Terminando con los subsidios al transporte y que los pasajes tengan el precio justo, el que corresponde.
  • Exportando toda la carne que el exterior nos compre. Y que aquí el que desee comer la poca carne que quede, que pague el precio que fije el mercado.
  • Aboliendo a los cartoneros, a los vendedores ambulantes, a las ferias de artesanos y a la feria de la Salada. Y a los indigentes de la calle. La miseria debe ser perseguida.
  • Decretando la flexibilización laboral. Que si hay trabajo el trabajador siga en la empresa y si no hay, que sea despedido enseguida para no causar pérdidas.
  • Decretando la ilegalidad de los piquetes siempre y cuando no sean ruralistas, y suspendiendo las huelgas por tiempo indeterminado.
  • Considerando la pena de muerte. Y hasta la de doble muerte.
  • Volviendo a consagrar a la par del Estado, los Tedeum patrióticos del cardenal Bergoglio.
  • Acelerando la incorporación al ALCA.
  • Reduciendo otra vez, pero mucho más, al Estado.
  • Nombrando un comité de emergencia económica a cargo de Cavallo, Roque Fernandez, Lopez Murphy y Dromi.
  • Dando forma a la idea de derogar la nueva ley de radiodifusión, volviendo a la anterior. La anterior, estaba muy bien porque estaba hecha por el Proceso.
  • Dando por finalizada la etapa de las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo...
  • Habilitando un despacho grande en la Casa Rosada como sede de la Mesa de Enlace.
  • Designando a Néstor Kirchner embajador itinerante por Burkina Faso (ex Alto Volta), Los Cárpatos, Transilvania y Oceanía hasta el cese del mandato de Cristina Fernández.
  • Reemplazando a la flor del ceibo por el poroto de soja como símbolo nacional.
  • Descubriendo y fabricando de inmediato la vacuna contra el virus del chancho.

P/D: Pero aún si se cumpliera todo esto no hay garantía de que los descontentos se contenten.

Nos vemos


de Orlando Barone

30 de marzo de 2010

Binner, sin respuesta

Conurbanos se preguntaba ayer en su blog que es lo que pretende Binner. El gobernador de Santa Fe sostiene que es necesario una acción y decisión política para tratar el tema de la coparticipación federal de impuestos y una distribución equitativa y lógica.

Ocurre que lo equitativo y lógico estará atado a la necesidad de caja de cada administración provincial. Santa Fe, tan prolijamente administrada por el peronismo, hoy es un pandemónium, entonces Binner no tiene más remedio -para no entrar en el ajuste de gastos superfluos- que vender las joyas de la abuela, como no las tiene, recurre a reclamos al gobierno nacional.

En oportunidad de la audiencia pública ante la Corte Suprema no concurrió Boudou, pero envió sus delfines y dijeron esto con relación a las finanzas de Santa Fe "La provincia de santa Fe se caracterizó por una administración fiscal muy buena. Ha logrado hasta el año 2007, incluso en el año 2002 cuando estábamos en plena crisis, resultados superavitarios. No es una provincia endeudada. El poco nivel de deuda lo ha podido honrar con recursos propios. Y a partir del año 2008, si bien a fines de ese año el impacto de la crisis internacional lo tuvieron todas las provincias, la gestión provincial de santa fe generó un déficit bastante importante que se ha ido incrementando en 2009 y que lo platea en el presupuesto 2010 de una manera mayor".

Fraccaroli adjudicó esto a que, desde la Nación, notaron "una desaceleración de los recursos tributarios provinciales en relación al promedio de las provincias y una aceleración del gasto, básicamente, en personal. Nosotros vemos que el gasto está creciendo por arriba de la media del resto de las jurisdicciones".

La subsecretaria de Relaciones con las Provincias, Nora Fraccaroli expresó en la audiencia pública ante la Corte Suprema que Santa Fe aumentó el gasto en personal por encima de la media del resto de las provincias desde 2008.

El comportamiento de las variables/datos que maneja la provincia, hablan por si solos. Véase que en el 2008 la relación es de cierto equilibrio, no así en el 2009 donde cada $ 1.- de gastos se financiaba con $ 0,96 de recursos.

Líneas rojas: erogaciones - Líneas azules: recursos

El post de Conurbanos señala que de cada $ 100.- que recibe la provincia, distribuye $ 8.- entre municipios y comunas. Los datos -palmariamente- demuestran que los gastos operativos son rígidos sobre todo en sueldos (45% del total de erogaciones) y que la dependencia con los fondos nacionales es enorme, $ 24.- aportan las finanzas provinciales por cada $ 100.- de recursos totales para financiar el gasto público y que con una variación del 11,99% tuvo un compartimento inferior al crecimiento de los gastos que es lo que denuncia la Nación. Los gastos totales crecieron el 27,67% y el gasto de personal 25,8%

Entonces, ¿reduce los gastos o expande la caja? Callejón sin salida, docentes y municipales contenidos por ahora; los estatales (ATE y UPCN) no aún. Por eso lo único que interesa a Binner más allá de lo que diga, es oxigenar el gasto público.

Ahora, como distribuye la provincia ese 8% que recibe; mejor dicho, como es el régimen provincial de coparticipación de impuestos? Convive un sistema automático con otro no automático.

1 - COPARTICIPACION NO AUTOMÁTICA. Es lo que distribuye luego de recibir fondos del Estado Nacional con una frecuencia quincenal. Engloba la participación de Impuestos Nacionales que recibe la provincia y al Impuesto Provincial a los Ingresos Brutos.

La distribución de estos impuestos se basa en la categorización de los entes territoriales (Comunas, Municipios de 1ra. Santa Fe y Rosario y Municipios de 2da. el resto provincial).

Si consideramos como monto producido a la suma de lo recaudado por Ingresos Brutos y lo participado por la Nación por Impuestos Nacionales a la Provincia, se debe proceder para el calculo de la distribución de la siguiente forma:

1/ El 8% del total del monto producido le corresponde a todos los Municipios (de 1ª y de 2ª) y se distribuye entre estos así: a) 30% en partes iguales, b) 40% en proporción a la población de cada ente. y c) 30% en proporción a los recursos propios percibidos por cada ente en el año anterior.

2/ El 3% calculado sobre el resto del total producido (descontado el 8% anterior) se distribuye entre todas las Comunas de la siguiente forma: a) 20% en partes iguales, b) 80% en proporción a la población de cada ente.

3/ Otro 3% aplicado al resto del producido (descontado los items anteriores) se distribuye únicamente entre los Municipios de 1ª, de idéntica forma a la aplicada en el primer ítem.

2 - COPARTICIPACION AUTOMATICA. Es la distribución del Impuesto Inmobiliario y Patentes que cobra el agente financiero de la provincia (Nuevo Banco de Santa Fe SA), se utiliza un mecanismo que distribuye en promedio el 70% de lo recaudado que incluye la variable cantidad de habitantes y la variable monto total que se devenga en cada distrito.

Alquimia pura para financiar gastos improductivos porque, en rigor de verdad, sino fuera por el llamado fondo sojero -recibe 100, reparte 30- no podría llevar adelante alguna que otra obra pública.

Dale que va, nos vemos

29 de marzo de 2010

Los fallos reparatorios de la justicia


Con ra­zón, He­be de Bo­na­fi­ni se enor­gu­lle­ció en su dis­cur­so an­te la mul­ti­tud que re­pu­dió el gol­pe del 24 de mar­zo de 1976 por vi­vir en una Na­ción que –aun­que no ha­ya juz­ga­do con ce­le­ri­dad - tam­po­co con­sa­gró la im­pu­ni­dad to­tal de los re­pre­so­res. La enér­gi­ca Ma­dre de Pla­za de Ma­yo agra­de­ció a Nés­tor Kirch­ner y a Cris­ti­na Fer­nán­dez por em­pu­jar las cau­sas con­tra los mi­li­ta­res ge­no­ci­das. Bo­na­fi­ni ha­bla­ba fren­te a una mul­ti­tud que ma­yo­ri­ta­ria­men­te apo­ya al kirch­ne­ris­mo, pe­ro tam­bién an­te mi­les de iz­quier­dis­tas que vi­bra­ron con el triun­fo del Fren­te Am­plio en el Uru­guay, pe­ro no se los mo­vió un pe­lo con la vic­to­ria elec­to­ral de Kirch­ner en 2003, ni con la de Cris­ti­na en 2007. Se con­mo­vie­ron con la lle­ga­da al go­bier­no de un lí­der obre­ro mar­xis­ta en Bra­sil, pe­ro siem­pre des­con­fia­ron del de­va­lua­do re­for­mis­mo de los pe­ro­nis­tas. Sin em­bar­go, en ma­te­ria de de­re­chos hu­ma­nos –co­mo en po­lí­ti­ca ex­te­rior- los go­bier­nos kirch­ne­ris­tas tu­vie­ron una im­pron­ta de cam­bio ma­yor que las ex­hi­bi­das has­ta aho­ra por al­gu­nos go­bier­nos de la nue­va iz­quier­da la­ti­noa­me­ri­ca­na.

Pe­ro eso no in­di­ca que la evo­lu­ción de la so­cie­dad ar­gen­ti­na ha­ya acom­pa­ña­do al go­bier­no en esa mar­cha. Si bien no se co­no­cen en­cues­tas im­por­tan­tes so­bre el pen­sa­mien­to ma­yo­ri­ta­rio en la ma­te­ria, la pro­pues­ta de Du­hal­de –un di­ri­gen­te con fa­ma de vi­vir al rit­mo de las en­cues­tas- no pa­re­ce ca­sual. El ex pre­si­den­te, tam­bién pe­ro­nis­ta, no hu­bie­ra he­cho ob­via­men­te na­da por­que las cau­sas avan­za­ran. Jun­to a su es­po­sa Chi­che, son los más cla­ros ex­po­nen­tes de po­si­cio­nes reac­cio­na­rias des­de el mun­do po­lí­ti­co en ma­te­ria de de­re­chos hu­ma­nos.

Ni si­quie­ra los lí­de­res de par­ti­dos más con­ser­va­do­res, co­mo Mau­ri­cio Ma­cri, se atre­ven a ab­ju­rar pú­bli­ca­men­te de la jus­ti­cia. El je­fe de go­bier­no por­te­ño co­no­ce el va­lor del si­len­cio en es­tos te­mas por­que tu­vo que echar a la ho­gue­ra a su efí­me­ro Mi­nis­tro de Educa­ción, Abel Po­see, por ha­ber­se ido de bo­ca. Pe­ro Du­hal­de se ani­ma en cam­bio a pro­po­ner el ple­bis­ci­to, en sin­to­nía con lo que plan­tean al­gu­nas de­fen­so­res de los re­pre­so­res des­de ha­ce al me­nos un lus­tro. Con­fían en que son más los que quie­ren im­pu­ni­dad que jus­ti­cia. Có­mo eran más los que re­pe­tían “por al­go se­rá”. Se mon­tan en la na­tu­ral ne­ce­si­dad de “mi­rar ha­cia ade­lan­te” que has­ta apa­re­ce en los pro­pios sos­te­ne­do­res de la cues­tión de los de­re­chos hu­ma­nos. “Sue­ño con no te­ner que ve­nir más a es­ta Pla­za a re­cla­mar jus­ti­cia pa­ra los que ma­ta­ron a mis com­pa­ñe­ros”, con­fe­só un ex mi­li­tan­te que ya pa­só los 65 años. Pe­ro só­lo con jus­ti­cia se po­drá “mi­rar ha­cia ade­lan­te” sin el re­mor­di­mien­to del pa­sa­do.

Es cu­rio­so ade­más que los mis­mos que pro­po­nen ol­vi­dar un ge­no­ci­dio, exi­jan ma­no du­ra pa­ra los eje­cu­to­res de la mi­cro­vio­len­cia co­ti­dia­na. Mu­chos vo­ta­rían en fa­vor de la pe­na de muer­te de los cri­mi­na­les ac­tua­les, pe­ro quie­ren ex­cul­par a quie­nes co­me­tie­ron un ge­no­ci­dio. No es ocio­so re­cor­dar ade­más que esa cri­mi­na­li­dad cre­ció en for­ma pa­ra­le­la a la ex­clu­sión so­cial pro­vo­ca­da por la po­lí­ti­ca neo­li­be­ral, lo cual de­vuel­ve la mi­ra­da ha­cia los ci­vi­les que se en­ri­que­cie­ron con la dic­ta­du­ra mi­li­tar. No pa­re­ce efec­ti­vo des­li­gar un re­cuer­do del otro: la ma­tan­za de mi­li­tan­tes po­pu­la­res fue la pre­con­di­ción pa­ra po­der avan­zar en el cam­bio de una ma­triz de pro­duc­ción por otra de es­pe­cu­la­ción fi­nan­cie­ra.

El es­ta­blish­ment que orien­ta­ba la ac­ción di­rec­ta de los mi­li­ta­res, ne­ce­si­ta­ba 30 mil de­sa­pa­re­ci­dos pa­ra po­der dis­ci­pli­nar a la cla­se tra­ba­ja­do­ra, en­deu­dar al país has­ta el ex­tre­mo, des­mon­tar el es­ta­do be­ne­fac­tor, des­re­gu­lar la eco­no­mía y pro­fun­di­zar la de­si­gual­dad so­cial. No lo hu­bie­ran con­se­gui­do sin ha­ber ate­rro­ri­za­do a la so­cie­dad.

Los mi­li­ta­res se re­ti­ra­ron a sus cuar­te­les en 1983 tras ha­ber arra­sa­do la eco­no­mía, per­di­do una gue­rra ab­sur­da y pro­vo­ca­do una he­ri­da so­cial que se­gui­rá san­gran­do has­ta que ha­ya jus­ti­cia. Pe­ro le de­ja­ron a la de­mo­cra­cia un pre­sen­te grie­go que aún fun­cio­na: la deu­da ex­ter­na. Los go­bier­nos kirch­ne­ris­tas de­ci­die­ron pa­gar la hi­po­te­ca con des­cuen­to e ini­cia­ron pa­ra­le­la­men­te el des­mon­te de la ma­triz eco­nó­mi­ca he­re­da­da pa­ra re­po­ner el mo­de­lo de subs­ti­tu­ción de im­por­ta­cio­nes y de­sa­rro­llo in­dus­trial.

Des­pués de años que la cues­tión de la deu­da que­dó re­le­ga­da en la agen­da po­lí­ti­ca, vol­vió a es­ta­llar aho­ra al cum­plir­se el se­gun­do año de la ges­tión de Cris­ti­na Fer­nán­dez. El in­ten­to de pa­gar deu­da con re­ser­vas de­sa­tó la reac­ción de los mis­mos que pa­ga­ron has­ta el can­san­cio y del mo­do que pu­die­ron, de los que se fue­ron de­jan­do en el Ban­co Cen­tral un exi­guo ni­vel de re­ser­vas, de los que agi­gan­ta­ron la deu­da en ac­cio­nes que la jus­ti­cia in­ves­ti­ga mo­ro­sa­men­te y de quién anun­ció el de­fault con una son­ri­sa im­pro­pia de la ad­mi­sión de una im­po­si­bi­li­dad de pa­go.

La ac­ción del Go­bier­no es tra­ba­da hoy por ma­gis­tra­dos de una jus­ti­cia que vio im­pá­vi­da co­mo se ven­dían las jo­yas de la abue­la, o por los he­re­de­ros de go­bier­nos que hi­cie­ron lo que qui­sie­ron me­dian­te de­cre­ta­zos. Los mis­mos que ins­ti­tu­cio­na­li­za­ron los plu­ma­zo del Eje­cu­ti­vo –que fue­ron li­mi­ta­dos por ley re­cién du­ran­te el go­bier­no de Cris­ti­na Fer­nán­dez- di­cen aho­ra que no es le­gal pa­gar deu­da con re­ser­vas me­dian­te un de­cre­to.

Des­pués de la Se­ma­na San­ta se rei­ni­cia­rá un de­ba­te en el que el go­bier­no no pue­de per­mi­tir que la crí­ti­ca de las for­mas lo em­pu­je a lo que quie­ren mu­chos opo­si­to­res: que vuel­va a pa­gar con la ca­li­dad de vi­da de los ar­gen­ti­nos. Pe­ro tam­po­co ce­der a la ten­ta­ción de re­tor­nar co­mo men­di­go a los mos­tra­do­res in­ter­na­cio­na­les pa­ra vol­ver a en­deu­dar in­de­bi­da­men­te a la Na­ción.

Los fa­llos re­pa­ra­to­rios de la Jus­ti­cia ser­vi­rán pa­ra que la so­cie­dad pue­da mi­rar ha­cia ade­lan­te y ce­rrar he­ri­das. Pe­ro un fu­tu­ro dis­tin­to pa­ra el país, ne­ce­si­ta ade­más pro­fun­di­zar una po­lí­ti­ca eco­nó­mi­ca que re­duz­ca la de­si­gual­dad so­cial, ge­ne­re igual­dad de opor­tu­ni­da­des, dis­tri­bu­ya equi­ta­ti­va­men­te el co­no­ci­mien­to y no co­me­ta el sui­ci­dio del pa­sa­do.

Nos vemos


Con textos de Alberto Dearriba


28 de marzo de 2010

El optimismo no vende

Si hay algo que demuestra la pulsión de vida de la sociedad humana es cómo se despierta cada día para vivir en medio de tanta calamidad pesimista. Sobre todo en las últimas semanas el oscurantismo noticioso del mundo, que no nos excluye, cunde por los intersticios de la realidad como una mortaja. Se funden los fondos, se funden las bolsas, se funde el empleo y se funde el futuro. Riesgos y males económicos y su retahíla de males físicos y humanos consecuentes abruman el mundo. Ni el capitalismo ni el marxismo resuelven nada. El populismo es una porquería; y el socialismo y los bancos. Y también el Estado que roba, según dicen los que roban más que el estado. Las voces de los sabios, si no ponen la lápida cavan el pozo.

El pesimismo atrae porque hace lucir inteligente a un tonto. Y aquel que osa exhibir un poco de optimismo es desdeñado por incauto. No sé por qué últimamente percibo una gozosa inclinación argentina al pesimismo. ¿Y por qué no? Si la realidad que nos cuentan impone ese estado de ánimo. Y desde el sector político, empresario y mediático es lo que más abunda. De cada sumario de noticias para encontrar una sola feliz hay que saltearse las internacionales, las financieras, las policiales, la de la de los políticos. Y las religiosas. Al menos en el deporte y en el espectáculo surgen héroes e ídolos sonrientes.

Pero no hay ya héroes ni ídolos en la política ni en la economía. Y si hay sonrisas son tomadas por mendaces o cínicas. Es raro esto porque en la vida cotidiana, la de aquí, la de uno y la de aquellos, parece correr otro río humano más ilusionado. El pesimismo- según la filosofía- es la creencia en que el estado de las cosas es el peor posible. El término “pesimista” empezó a ser usado en Inglaterra a principios del siglo diecinueve como antítesis de optimismo. El pesimista es ese pensamiento que piensa que mañana no va a ser mejor ni siquiera igual sino peor. Y de que en la vida humana los dolores superan a los placeres y los males superan a los bienes.

Schopenhauer -el filósofo enculado, que al menos tenía el tino de no broncearse para decir sus cataclismos- sostenía que “toda la vida es mal o dolor”. Que sufra Schopenhauer, que yo no lo sigo. Lo curioso es que cada uno de nosotros trata de arreglarse en la vida con ilusiones y ya al despertarse, apenas escucha o lee lo que grita el mundo estropea el buen sueño o la noche de amor. No hay que creerles a los que venden pesimismo en cantidades mayoristas porque cuanto más venden más ricos, contentos y optimistas se ponen. Hay algunos políticos tan pesimistas que cuando les toque gobernar ya se habrán olvidado de qué es el optimismo. En cuanto a los periodistas pesimistas, si les va bien no van a cambiar de mercadería ni de negocio. El optimismo no vende. Unicamente el del horóscopo feliz.

Nos vemos,


Autor: Orlando Barone

27 de marzo de 2010

Llamar las cosas por su nombre

La in­fla­ción ha rea­pa­re­ci­do y, con ella, el vie­jo dis­cur­so li­be­ral que pre­ten­de echar­le la cul­pa al gas­to pú­bli­co ex­ce­si­vo y a los sa­la­rios. En re­su­men, pa­ra el pen­sa­mien­to li­be­ral hay in­fla­ción por­que se con­su­me más. Aun­que un de­sa­rro­llis­ta, por ejem­plo, po­dría re­ba­tir ese diag­nós­ti­co en tér­mi­nos exac­ta­men­te opues­tos: hay in­fla­ción por­que se pro­du­ce me­nos de lo ne­ce­sa­rio ya que, en vez de au­men­tar la pro­duc­ción pa­ra sa­tis­fa­cer el cre­ci­mien­to de la de­man­da, los in­dus­tria­les ge­né­ti­ca­men­te ren­tis­tas lo úni­co que au­men­tan son los pre­cios. Así, la de­man­da no sa­tis­fe­cha ge­ne­ra es­ca­sez, y es esa es­ca­sez la que pro­vo­ca in­fla­ción.

Los in­te­re­ses del es­ta­blish­ment re­quie­ren que la cla­se obre­ra y la in­dus­tria es­tén ba­jo con­trol. Si al­go te­me el sec­tor más con­cen­tra­do del ca­pi­ta­lis­mo lo­cal es la re­pe­ro­ni­za­ción de la es­truc­tu­ra pro­duc­ti­va y por en­de del en­tra­ma­do so­cial, sin­di­ca­tos in­clui­dos. Y los Kirch­ner, con sus acier­tos y sus erro­res, re­pre­sen­tan pre­ci­sa­men­te eso: la po­si­bi­li­dad de en­ca­be­zar des­de el Es­ta­do un nue­vo pe­río­do de de­sa­rro­llo ba­sa­do en la in­dus­tria.

Sin em­bar­go, co­mo ya ocu­rrió con los tres pri­me­ros pe­ro­nis­mos, es­te pro­yec­to tie­ne su ta­lón de Aqui­les, por­que con el Es­ta­do so­lo no al­can­za, ha­ce fal­ta un em­pre­sa­ria­do in­dus­trial que ha­ga su­ya esa ban­de­ra. Por eso el pe­ro­nis­mo, con to­da su fuer­za cul­tu­ral, so­cial y elec­to­ral, no pu­do en más de se­sen­ta años tor­cer­le la ma­no al es­ta­blish­ment, co­mo sí lo hi­zo la bur­gue­sía in­dus­trial de Bra­sil con los la­ti­fun­dis­tas del nor­te del país. Por eso en Bra­sil la ren­ta in­dus­trial lo­gró, pri­me­ro, dis­ci­pli­nar y des­pués in­cluir a la ren­ta agra­ria en un mis­mo pro­yec­to de de­sa­rro­llo, con el au­xi­lio de la ren­ta fi­nan­cie­ra. El cam­po, en Bra­sil, hoy es una in­dus­tria más, y es ca­da vez más po­de­ro­sa. Ese es el cír­cu­lo vir­tuo­so, pe­ro en la Ar­gen­ti­na só­lo co­no­ce­mos la ver­sión vi­cio­sa del trián­gu­lo.

Es ho­ra, pues, de lla­mar a las co­sas por su nom­bre y pe­dir­le a ca­da sec­tor de la opo­si­ción que ha­ga pú­bli­co, ex­plí­ci­to, su pro­gra­ma eco­nó­mi­co, en­ten­dien­do que un pro­gra­ma no es una me­ra de­cla­ra­ción de prin­ci­pios. No. Pen­sa­mos en un pro­gra­ma que in­clu­ya los pla­nes de sa­lud, edu­ca­ción, vi­vien­da y obras pú­bli­cas, así co­mo sus res­pec­ti­vas fi­nan­cia­cio­nes ge­nui­nas; un plan de em­pleo jo­ven; un plan de apo­yo a las ex­por­ta­cio­nes in­dus­tria­les de ma­yor va­lor agre­ga­do; una po­lí­ti­ca de in­te­gra­ción con­ti­nen­tal es­pe­cí­fi­ca; un plan de de­fen­sa y de pro­duc­ción pa­ra la de­fen­sa; una de­fi­ni­ción so­bre el mer­ca­do in­ter­no; otra so­bre el mo­do de ne­go­ciar la deu­da ex­ter­na, ya sea can­ce­lán­do­la pro­gre­si­va­men­te has­ta ex­tin­guir­la o re­fi­nan­cián­do­la con nue­va deu­da. Y la ra­ti­fi­ca­ción de los au­men­tos pe­rió­di­cos a los ju­bi­la­dos. En fin, un pro­gra­ma eco­nó­mi­co se­rio, no una mo­vi­da mar­que­ti­ne­ra al am­pa­ro de los me­dios adic­tos.

Si los que pen­sa­mos así es­ta­mos equi­vo­ca­dos, en­ton­ces es una bue­na opor­tu­ni­dad pa­ra que la opo­si­ción nos des­mien­ta pú­bli­ca­men­te con la pre­sen­ta­ción de un só­li­do plan eco­nó­mi­co en el que se re­nie­gue del ajus­te. Se­ría real­men­te bien­ve­ni­do, aun­que nos ha­ga que­dar mal. Lo es­ta­mos es­pe­ran­do.

Pen­sa­mos tam­bién que, a pe­sar de sus di­fe­ren­cias, los dis­tin­tos sec­to­res de la opo­si­ción tie­nen al­go en co­mún, y es su de­ci­sión de apo­yar un plan de ajus­te, tal co­mo lo ade­lan­tó Do­min­go Ca­va­llo en un re­cien­te re­por­ta­je del dia­rio La Na­ción.

Nos vemos,


Con textos de Norberto Colominas

26 de marzo de 2010

Neoliberales: los indigentes, no son cosas

La Nación tiene como columnista a Cachanosky y este, al igual que tantos otros tributarios del modelo neoliberal, no miran más allá de sus propios límites. Seguramente el crecimiento demográfico del gran Buenos Aires, gran Rosario, gran Córdoba o Santa Fe se debe a un problema cultural y de promiscuidad y no a la expulsión de mano de obra desocupada de todas las economías regionales que se fueron destruyendo sistemáticamente desde 1990 en adelante. Las villas, dejaron de ser un atractivo turístico; demandan servicios, educación y alimentos. En gran escala.

Entonces, Cachanosky en vez de decir cosas como esta "Si para Cristina Fernández es exitoso decir que hoy en la Argentina una familia como la descripta no es indigente porque puede alimentarse con $ 17 por día, caben dos posibilidades: o nos quiere vender gato por liebre o hace tiempo que no pisa un supermercado", debería -de manera critica- contarnos como equilibra la balanza, como reduce la brecha entre ricos y pobres, como imagina el crecimiento de las economías regionales que todavía son funcionales a la concentración de capitales.

Mientras los gürúes piensan, el gobierno implementa herramientas distributivas. El coeficiente de Gini –el indicador que mide desigualdad considerando a 0 como igualdad perfecta y 1 como el valor más regresivo– se redujo en el período de pos-convertibilidad. En tanto, la relación entre el ingreso del 10 por ciento más rico y el 10 por ciento más pobre se mantuvo sin mejoras significativas. La Asignación es la primera medida que reduce esa brecha al ubicarlo en parámetros registrados en la primera parte de los ochenta. En promedio, la caída es del 32 por ciento pero registra picos muy fuertes en algunas regiones del país, como en el Noroeste y Noreste donde la reducción de esa diferencia ronda el 40 por ciento. En la Patagonia, donde los ingresos son más elevados que la media, el impacto es el más bajo del país: 22 por ciento.

¿Que todos los planes sociales son paliativos? Si, quien lo duda, pero intentan corregir; desde las cajas PAN (de Alfonsín) hasta el Jefes y Jefas de Hogar (que se financiaba con dinero del Banco Mundial) todos fueron dádivas para que no molesten a las minorías que tranquilamente acumulaban capital. Desde el 2003, son planes sociales para la inclusión de todos aquellos expulsados del modelo de los '90. Para eso fue creada e implementada la Asignación Universal por Hijo, entre otras cosas.

La Asignación Universal por Hijo (AUH) no es el único plan social con ese enfoque en la región, pero sí el más ambicioso en materia de cobertura y monto de las transferencias. Otros países han implementado proyectos de ejecución similar como Bolsa Familia de Brasil, Plan Oportunidades de México, Programa Juntos de Perú o Chile Solidario. Todas estas iniciativas consisten en la entrega directa de dinero a familias en situación de pobreza a condición de que los menores de 18 años concurran a la escuela y/o presenten los certificados de vacunación correspondientes. El costo fiscal que estima la Anses es de 8.424 millones de pesos en el año, el 8 por ciento de las erogaciones totales del organismo que conduce Diego Bossio. “Es el plan más importante en la historia argentina y de toda América latina. Implementado con una transparencia y eficiencia nunca antes observada. Además, su puesta en marcha se hizo en tiempo récord para un programa de esta magnitud”.

El plan representa 0,58% del PIB, mientras tanto el exitoso programa Bolsa Familia, impulsado por Lula da Silva, alcanza al 0,39% del Producto y el mexicano Oportunidades, 0,31%. Según estudios privados, la AUH otorga la prestación mensual por familia más elevada en dólares, 94 dólares contra 55 en México y 50 en Perú. En Brasil la erogación asciende al equivalente a 43 dólares. La cobertura supera el 30% en las provincias del NOA y NEA, mientras que en la Patagonia el indicador ronda el 20%. En la Ciudad de Buenos Aires la cifra asciende al 18,1 por ciento de los niños. En tanto, en la provincia de Buenos Aires es el 25,3 por ciento (1,1 millón de chicos), mientras que en Córdoba representa el 28,9 por ciento (281 mil) y en Santa Fe, el 29,4 (280 mil)

Las mejoras socio-económicas registradas entre 2003-2009 alcanzaron con menor intensidad a los sectores más desprotegidos. La vulnerabilidad de esos grupos para caer en la indigencia y la pobreza comenzó a bajar considerablemente con la implementación de ese programa de seguridad social. Los 180 pesos por mes por hijo que cobran los beneficiarios se traducen en una caída del 69% en la indigencia por ingresos. El efecto sobre la pobreza también es relevante aunque su impacto es menor. La Asignación Universal por Hijo (AUH) comenzó a funcionar en noviembre pasado. En febrero, el programa alcanzó a 3.384.546 chicos menores de 18 años, que forman parte de 1.732.530 familias.

Entre noviembre y febrero la Anses desembolsó 1.629,9 millones de pesos entre los beneficiarios. En ese escenario la incidencia de la pobreza cayó alrededor del 30% y la indigencia hasta un 75%. En las regiones más pobres del país, donde el ingreso medio es muy bajo, la AUH impacta con más fuerza sobre la indigencia. En las provincias más ricas (patagónicas), la mejoría sobre la incidencia de la pobreza es la más relevante.

Los indigentes para los economistas neoliberales, son cosas. Para el gobierno son personas con problemas de todo tipo y con derechos a estar y vivir mejor. Entonces, corregir el mapa de la pobreza y de las fronteras sociales es el compromiso nacional y popular. Los lápices no deben ser elementos suntuarios para los marginados, deben ser herramientas para profundizar este modelo distributivo, para comprender que el futuro se construye con prepotencia de trabajo.

Nos vemos



Fuente: CASH

25 de marzo de 2010

Penoso


Ya entramos en descenso directo...

Nos vemos

24 de marzo de 2010

Frases

¿Sabe usted dónde está su hijo en este momento?
(Mensaje publicitario oficial, 1976/77)

Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después... a sus simpatizantes, enseguida... a aquellos que permanecen indiferentes, y finalmente mataremos a los tímidos.
(General Ibérico Saint Jean. Gobernador de la Provincia de Buenos Aires. Mayo de 1977)

Me estoy probando los pantaloncitos para bañarme en el Pacífico.
(General Luciano Benjamín Menéndez, en obvia provocación a Chile, 1978)

El Mundial tenemos que jugarlo todos los argentinos.
(Slogan Oficial del Mundial 78)

Los argentinos somos derechos y humanos.
(Leyenda popularizada en una calcomanía durante la visita de la Comisión Interamericana de Derechos humanos, que vino en 1979 a constatar la represión ilegal)

La inflación está muerta.
(Christian Zimmermann, vicepresidente del Banco Central, 1980)

La gente nunca tuvo más plata que ahora.
(José Martínez de Hoz, en Nueva York, 1980)

Las urnas están bien guardadas.
(General Leopoldo Galtieri, 1981)

El que apuesta al dólar pierde.
(Lorenzo Sigaut, ministro de economía, 1981)

No digo adiós, digo hasta luego.
(José Martínez de Hoz, 1981, cuando dejó el ministerio de Economía)

Si quieren venir, que vengan.
(General Leopoldo Galtieri, en alusión a los ingleses, 1982)

¡Que traigan al principito!
(General Mario Menéndez, gobernador de Malvinas, refiriéndose al príncipe Andrés de Inglaterra, 1982)

Espero ser el último Presidente de facto de la Argentina.
(General Reynaldo Bignone, último presidente de facto, 1983)

Éramos catorce madres. Volvimos a la semana siguiente. Volvíamos cada semana por novedades a reclamar. Hasta que un día la policía nos dijo que no podíamos estar reunidas, porque había estado de sitio, y que debíamos caminar. Ellos nos impulsaron a caminar. -Caminen de a dos... circulen...- nos gritaban los policías. Nos tomábamos del brazo y empezábamos a caminar. Llegábamos a la plaza y nos poníamos en marcha para que la policía no nos corriera.
(Revista Paz y Justicia. Enero 1983)

Por primera vez un tribunal de justicia de un gobierno democrático consigue sentar en el banquillo de los acusados a los nueve integrantes de las juntas militares, que se sucedieron en el poder entre 1976 y 1982, tras un golpe de Estado. Las cabezas visibles de esa dictadura son juzgadas desde el 22 de abril de 1985. Estamos al frente de un acontecimiento histórico, que marcará para siempre la vida de la sociedad argentina.
(Diario del juicio. Ed. Perfil. 1985)

No he venido a defenderme. Nadie tiene que defenderse por haber ganado una guerra justa, y la guerra contra el terrorismo subversivo fue una guerra justa. Sin embargo yo estoy aquí procesado por haber ganado una guerra justa.
(Emilio Massera, en declaraciones del juicio a las juntas, 1985)

No, no se podía fusilar. Pongamos un número, pongamos cinco mil. La sociedad argentina no se hubiera bancado los fusilamientos: ayer dos en Buenos Aires, hoy seis en Córdoba, mañana cuatro en Rosario, y así hasta cinco mil. No había otra manera. Todos estuvimos de acuerdo en esto. Y el que no estuvo de acuerdo se fue. ¿Dar a conocer dónde están los restos? ¿Pero, qué es lo que podemos señalar? ¿En el mar, el Río de la Plata, el riachuelo? Se pensó, en su momento, dar a conocer las listas. Pero luego se planteó: si se dan por muertos, enseguida vienen las preguntas que no se pueden responder: quién mató, dónde, cómo.
(Declaración de Videla del libro "El dictador", de María Seoane y Vicente Muleiro)

Señores jueces, quiero utilizar una frase que pertenece ya a todo el pueblo argentino: Nunca más.
(El fiscal Julio César Strassera en el cierre de su alegato de una semana, el 18 de septiembre de 1985)

La plaza es el lugar donde se produce el verdadero y único milagro de la resurrección (...) los primeros pasos tienen mucha profundidad y cuando me pongo el pañuelo en la casa de las madres, antes de salir para la plaza, y me lo aprieto fuerte en la barbilla, es un abrazo, el abrazo de los treinta mil. La plaza es la lucha, la esperanza, los sueños, las ilusiones y la sangre de los tantos.
(Hebe de Bonafini, Presidenta de las Madres de Plaza de Mayo en Diario Página 12, 26 de junio de 1996).

Nos vemos,



Fuente: Ministerio de Educación de la Nación
Imágen: La Perla (Córdoba)


23 de marzo de 2010

Memoria en la sociedad pos-dictadura

Este artículo es complemento del que bajo el título Memoria, política e historia publicáramos a principios de 2010, en la pretensión de reflexionar acerca del análisis de las distintas construcciones narrativas de la memoria que se fueron constituyendo a lo largo de la década del noventa en Argentina.

El mundo de hoy se nos aparece horrible, malvado, sin esperanza. Esta es la tranquila desazón de un hombre que morirá en ese mundo. No obstante, es justamente a eso a lo que me resisto. Y sé que moriré esperanzado. Pero es necesario crear un fundamento para la esperanza. (Jean-Paul Sartre)

Durante la década del setenta, en nuestro país, el genocidio fue producto de un proyecto político- económico cuya claridad ideológica y sistematicidad de prácticas de exterminio fueron innegables. Este proyecto se implementó a través de golpes y dictaduras militares que se sucedieron (como en otras regiones del mundo) en algunos países del Cono Sur de América Latina: Brasil, Uruguay, Chile y Argentina. Además, las elites económicas y militares de estos países colaboraron conjuntamente articulando dichas dictaduras en el llamado “Plan Cóndor”.

De esta manera, podríamos pensar el concepto de genocidio, según Feierstein, (...) como una práctica social que utiliza particulares tecnologías de poder para “reorganizar” las relaciones sociales hegemónicas mediante la construcción de una otredad negativa, el hostigamiento, el aislamiento sistemático, el aniquilamiento material y la realización simbólica. (Feierstein, 2007, p. 121)

En el caso de la Argentina, la dictadura sentó las bases para un cambio de época, para la implementación de un nuevo modelo económico y social: el neoliberalismo, barriendo por medio de la represión con todo un proyecto de emancipación político-social gestado por las resistencias en las décadas anteriores. De forma similar, el final de la dictadura trajo aparejado el advenimiento y la consolidación de la democracia política, en su mayor parte obtenida por la movilización social que sostuvo en todo momento la vigencia de la denuncia y la lucha por los derechos humanos.

Una parte importante de los discursos y las políticas de la memoria se fueron constituyendo a lo largo de la resistencia del movimiento de los derechos humanos, el cual cobró relevancia en la movilización social de la década del ochenta. Los reclamos más sobresalientes fueron la denuncia por las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura militar y el reclamo por la vuelta a la democracia política. Esta parte de los discursos de la memoria estuvieron muy ligados a la idea de justicia para las víctimas del terrorismo de Estado y castigo a los culpables. De esta manera, se constituyó sobre ese discurso una política de la memoria particular, con una definición de objetivos específica. Sin embargo, las miradas no se agotan en esa política particular, sino que por el contrario hay otras políticas de la memoria que también poseen sus relatos, sus símbolos y sus reclamos.

Por lo tanto, en primer término, podríamos preguntarnos: ¿Qué hacer con nuestra(s) memoria(s)? ¿Qué hacer con nuestro pasado que ilumina nuestro presente? En principio, estaría planteada la tensión entre las distintas construcciones políticas a la hora de producir y realizar los discursos y las políticas de la memoria. A la hora de bucear en las distintas construcciones políticas, podemos encontrar memorias del terror, memorias de las víctimas, memorias que esperan de la justicia una reparación del daño que sufrieron, y entre estas si es una reparación jurídica o de otro tipo. Memorias como industrias culturales que en definitiva licuan sus propios contenidos y generan olvidos. Memorias colectivas, memorias individuales, estéticas de la memoria, memorias contrahegemónicas, memorias oficiales, memorias constituyentes o memorias instituidas, institucionales. Memorias de la propia comunidad o memorias del Estado.

En segundo término, cuando nos referimos a los discursos y a las políticas de la memoria, en la década del noventa, estamos haciendo alusión al surgimiento de identidades, símbolos, y repertorios de acción en los que se condensan nuevos actores ligados a la memoria. El caso de H.I.J.O.S. es uno de los paradigmas de la lucha contestataria de la década. Esta agrupación se funda en el año 1995 y construye una identidad en torno a la denuncia contra la impunidad del ayer y del hoy. Al mismo tiempo, inaugura la práctica político-cultural del escrache. A pesar de que varios organismos de derechos humanos acompañan esta nueva práctica, desde sus inicios hasta la actualidad, es virtud de esta última el interpelar fuertemente a las generaciones más jóvenes. Son ellas quienes expresan su repudio hacia las marcas traumáticas dejadas por el genocidio y hacia las continuidades de la dominación que se mantienen en el presente (abusos de la fuerza policial, casos de gatillo fácil, desapariciones en democracia, etc.).

De esta forma, el escrache puede ser interpretado como un campo de resistencia cultural que desnuda intencionalmente el carácter fetichizante de la cultura y su hegemonización del sentido. Desde esta visión es que las memorias fastidian al poder del orden establecido, debido a que ellas evocan disputas de sentido, valor y poder, abandonando la falsa idea de una “memoria completa”. Las memorias son múltiples como los distintos sujetos que integran la sociedad misma; que el poder dominante tienda homogeneizar buscando imponer su lógica normalizadora y construyendo su poder disciplinario, es un tema a estar alerta en la construcción de procesos de resistencia.

Nos vemos


Fuente

22 de marzo de 2010

Actitudes cooperativas y actitudes conflictivas


La Nación publica hoy un artículo que titula El choque de dos Argentinas, con la pretensión de mostrar las dos caras de una misma moneda. De un lado la sociedad, la gente común con sus problemas a la que poco le importa el sainete político y del otro lado, esta grotesca comedia parlamentaria. En rigor de verdad, los autores de la comedia, son aquellos que quisieron imponer un estado parlamentario de facto, sin entender que el juego de la democracia pasa por ejecutar los roles que a cada uno le compete.

Los opositores pretenden co-gobernar y esa idea los lleva a tener actitudes autoritarias, e intolerantes, provocando una compartimentación de la sociedad; la falta de disposición para escuchar al otro, para dialogar y llegar a compromisos serios, aptos, aceptables y factibles; esa manera de ser y de pensar deben ser erradicadas de la política argentina.

"Y es bueno, en tal sentido, recordar que la política volvió a la Argentina, a comienzos de los años 80, luego de los ocho años de la más sangrienta y oprobiosa dictadura, en un contexto muy particular, de enormes cambios, perplejidades e incertidumbres. Entonces, pensamos que el diálogo y el compromiso entre las fuerzas populares debía ser el motor que haría avanzar a la democracia", decía Alfonsín.

Una sociedad democrática no existe sin diálogo, que hace posibles los disensos pero también, y de manera sobresaliente, los acuerdos y consensos. El primer consenso se basa en el reconocimiento y aceptación de normas que regulen y garanticen la convivencia entre quienes piensan distinto. Hace poco lo definíamos como Honestidad Intelectual.

Esa convivencia necesita que las actitudes cooperativas predominen sobre las conflictivas. Los conflictos siempre están presentes en la sociedad como expresión de la multiplicidad de intereses y aspiraciones; pero si no se sintetizan, amortiguan y adecuan, sólo terminan siendo superados a través de la imposición o negación del rival.

El argumento central del conglomerado opositor en las elecciones de renovación parcial de representantes del poder legislativo del 28 de junio pasado, era que un triunfo anti-kirchnerista, iba a crear las condiciones para un nuevo consenso que permitiera al país retomar el sendero del desarrollo.

La lógica de la oposición de derecha, era capitalizar el movimiento de las patronales ruralistas del otoño del 2008 y su incidencia en sectores de las clases medias urbanas, para modificar la ecuación de poder sellada en las elecciones generales de octubre del 2007. Al día siguiente de los resultados electorales, el triunfalismo opositor caracterizó erróneamente, que la restauración de la derecha económica y las políticas del consenso de los noventa estaban a la vuelta de la esquina.

Se pregunta en La Nación si el feriado del 24/03 y la celebración de la Semana Santa tendrán efecto tranquilizador. Un respiro para la tensión. ¿Alcanzarán esos días para que la reflexión se imponga sobre la crispación, se bajen los decibeles y se puedan acercar posiciones en una negociación en la que nadie pierda y todos ganen? Parece difícil cuando el objetivo hoy está puesto en 2011. En estos 15 días la oposición tendrá el desafío de reducir la brecha que los ha separado de los intereses del ciudadano común, cuyo interés por lo público sigue siendo alto pero comienza a saturarse de discusiones sin resultados concretos y soluciones palpables.

Lamento desilusionarlo pero pretender que el tiempo cierre la brecha, es simplificar las cosas de una manera irresponsable y sin compromiso con el ser nacional, con la patria.

Para que las decisiones parlamentarias profundicen las medidas que favorezcan a las grandes mayorías que viven de su trabajo, o esperan esperanzadas el ansiado lugar bajo el sol de la democracia argentina, será necesario dejar de jugar para la tribuna en una especie de festival opositor anti K. No advertir que el humor de la muchedumbre atomizada por décadas de neoliberalismo, se vuelve tan variable e incierto,- como el discurso de ciertos referentes políticos-, es seguir jugando con fuego.

Mientras tanto los marginados del sistema productivo aún esperan su turno en el reparto de los beneficios del modelo, y los millones de trabajadores que hacen milagros para llegar a fin de mes, ante el egoísmo de los formadores de precios y la insensibilidad de los que más ganan, que siguen apostando a la inflación, pueden en el día menos pensado -hartos- agotar su infinita paciencia.

Nos vemos,


Aportes de Jorge Muracciole

21 de marzo de 2010

A la izquierda de la sociedad

En los primeros años de la recién recuperada democracia, el destacado intelectual José Aricó decía a Página/12: “Alfonsín está a la izquierda de la sociedad”. Era una afirmación temeraria porque ya en esa época todos los partidos de izquierda mostraban su furia contra el gobierno elegido en 1983. ¿Era cierta esa frase?

Si echamos una mirada hacia atrás, podemos afirmar que Aricó no estaba tan desacertado. Comencemos por los datos y luego veamos los supuestos. El 40 por ciento de la sociedad había votado al doctor Italo Luder, a sabiendas de que el Partido Justicialista, a través de su dirigente, había aceptado la amnistía general dictada por la dictadura para protegerse a sí misma, vale decir, a todos los genocidas. [1] Salvo que supongamos que los votantes peronistas son cándidos o distraídos, el hecho irrefutable es que ese 40 por ciento votó por la amnistía.

Y vamos a los supuestos: del 52 por ciento que votó por Raúl Alfonsín, ¿cuántos estaban verdaderamente dispuestos a que se juzgara a los responsables de la matanza? Nunca lo sabremos, pero bien podemos suponerlo. Hasta ese momento, los organismos de derechos humanos habían estado solos en su lucha; las Madres de Plaza de Mayo habían desfilado desafiando a la dictadura sin la compañía de la sociedad, que las miraba indiferente y en algunos casos hasta se mofaba de ellas.

Los obreros, proletarios, o como se quiera llamar a los trabajadores del país, no sólo eran ajenos a la lucha de los organismos y de las Madres, sino que ni siquiera participaron de sus movilizaciones. La dirigencia obrera congregada en una de las dos CGT de aquellos años había expulsado a empujones a las Madres al grito de “ni yanquis ni marxistas, peronistas”.

No vamos a hablar de las otras entidades de la sociedad civil, porque no se nos ocurriría pedir peras al olmo. Solamente una mención de bocas cerradas: Sociedad Rural, Unión Industrial, Iglesia Católica, Carbap, Coninagro, CGT.

Nadie, salvo las Madres, los organismos y minoritarios grupos de izquierda parecían estar dispuestos a llevar a los criminales al banquillo de los acusados. No hubo, salvo en la fantasía de nostálgicos que construyen pasados gloriosos, movilizaciones verdaderamente importantes para exigir el castigo.

Y, aunque sea doloroso recordarlo, hubo mucha más gente vivando al dictador Videla en Plaza de Mayo cuando Argentina ganó en 1978 el Mundial de Fútbol que en aquella emocionante marcha de las Madres en diciembre de 1983. Y sigamos con el dolor: una multitud fue la que acompañó al dictador Galtieri el 2 de abril, con la aventura de Malvinas.

Y todavía más recuerdos humillantes: los familiares estaban solos cuando la Comisión de Derechos Humanos de la OEA vino a la Argentina para investigar las desapariciones. El “pueblo”, término que se presta para todo, seguía entusiasmado a un locutor de fútbol que gritaba “los argentinos somos derechos y humanos”.

“Alfonsín está a la izquierda de la sociedad”, decía Aricó, y creo que tenía mucha razón. Porque, aunque las fotografías disimulen, no era una multitud la que acompañó en la Plaza a los miembros de la Conadep cuando entregaron al presidente de la Nación el informe final donde se narraba el desgarrador relato de siete años de tiranía.

Es cierto que la historia contra-fáctica carece de sentido. Pero bien podemos preguntarnos: si Raúl Alfonsín llamaba a una consulta popular para decidir si se juzgaba a los militares, ¿cuál hubiera sido el resultado?

Uruguay, Brasil, Chile, Paraguay, todos los países de América latina trataron de tapar, fuera mediante consultas o dejando pasar el tiempo, la historia sangrienta a la que habían sido sometidos. No había antecedentes ni en Latinoamérica ni en el mundo.

En Italia, luego de la caída de Mussolini, fue Palmiro Togliatti, secretario general del Partido Comunista, el que promovió en 1948 la amnistía a los criminales fascistas. En España, cuando murió Franco, Adolfo Suárez impulsó la amnistía general con la aprobación de la mayoría de los partidos políticos.

En todos los casos se decidió “mirar hacia delante” y ocultar bajo la alfombra los trapos manchados de sangre. ¿Por qué? La explicación es sencilla: porque había miedo.

En los años ’80, los hoy octogenarios represores tenían mando de tropa, tenían armas, tenían cuarteles bien abroquelados y tenían a un líder llamado Aldo Rico. No era sencillo juzgarlos y meterlos presos.

Eso, entre otras cosas, reivindico del doctor Raúl Alfonsín: con una sociedad atemorizada –y en muchos casos sospechosa– se atrevió a avanzar con la Conadep y con el Juicio a las Juntas. No está nada mal para la historia argentina, acostumbrada a amnistías y olvidos que dejaron impunes a los criminales.

por Sergio Bufano


[1] - Cita agregada por el Club: La ley Nº 22.924 de Amnistía o de Pacificación Nacional otorgaba una suerte de amnistía tanto a los promotores de actividades terroristas como a los encargados de la represión de los mismos. El período de aplicación de la ley de Amnistía, derogada durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín, abarcaba desde el 25 de mayo de 1973 -fecha de asunción del presidente Héctor Cámpora- hasta el 17 de junio de 1982, por considerar que éste había sido el período de mayor actividad terrorista y a la vez de mayor represión contra la subversión. Cabe añadir que los alcances de la ley de Pacificación incluían el robo de bebés a militantes de izquierda por parte de los militares como parte de la operación antisubversiva. Texto completo de la ley de Amnistía o de Pacificación Nacional, en Clarín, 24 de septiembre de 1983, pp. 3 y 40. (www.argentina-rree.com / Capitulo 69 - La administración radical)

20 de marzo de 2010

El terrible estatuto del paria

La globalización del capital supura una nueva forma de indigencia, arroja al vertedero de la historia masas anónimas de seres humanos despojados de cualquier tipo de derechos, sombras que se desplazan de aquí para allá buscando un lugar imposible, una tierra hospitalaria.

Leer los síntomas de un tiempo de injusticias articulado con una exuberante exhibición de riquezas inauditas de parte de los países ricos de la tierra, supone, en primer lugar, toparse con esa figura del desterritorializado, de aquel que ha quedado al margen de la ley y del mercado, de quien pasa a ser nada, nadie, un vacío que, sin embargo, ocupa el lugar del escándalo moral de una sociedad que prefiere desplazar su responsabilidad, que opta por elaborar supuestas políticas “humanitarias” que no hacen otra cosa que consolidar el terrible estatuto del paria.

Ser un refugiado o un indocumentado implica carecer de derechos y quedar disponible ante las decisiones del poder soberano, de esas máquinas estatales que hoy deciden sobre el destino (léase la vida o la muerte) de millones de expatriados que pululan por un mundo inhóspito.

En la época de la globalización nos encontramos con la paradoja de fronteras que se cierran, de legislaciones que tratan al extranjero como un apestado o que simplemente postulan su vacío jurídico.

Son los países más pobres los que hoy reciben el grueso de los refugiados, son ellos los que cargan sobre sus espaldas una responsabilidad que los países ricos evaden cubriendo sus conciencias destinando algunas partidas de dinero, algo de medicinas y alimentos mientras se niegan a darles un lugar en sus territorios, olvidando que durante siglos ellos han lanzado a millones de sus pobres e indigentes hacia esas mismas geografías de las que hoy parten las masas de desarraigados o que se han beneficiado con sus riquezas de todo tipo, generando un verdadero proceso de expoliación colonial que está en la base de las miserias actuales.

El orden político de los países centrales hoy encuentra su última ratio en lo que hace o deja de hacer respecto de esos seres humanos que deambulan por su interior o que se concentran presionando sobre sus fronteras. Ilegales, exiliados, refugiados, marginales, indocumentados, todos nombres que remiten a lo mismo: su condición de nuda vida, su indefensión, su disponibilidad, la nulidad de su existencia, la violencia a la que se los somete de acuerdo a las leyes del poder soberano.

Es por eso que una palabra olvidada, borrada de los diccionarios, es la palabra hospitalidad precisamente allí donde no hay acogida y donde el extranjero es un perpetuo sospechoso o un número en el registro de la policía aduanera.

¿Quién asume la responsabilidad? ¿Cuáles fueron las causas de esas hambrunas y de esas multitudes de refugiados? ¿Qué se hace para paliar el sufrimiento? ¿Qué podemos hacer nosotros? ¿Cuál es la raíz de la injusticia? En la profundización de estos abismos abiertos entre refugiados e indiferentes, está simbolizada la tragedia de nuestra época.

Nos vemos



Fuente: Textos de Ricardo Forster

19 de marzo de 2010

Oposición de derecha y maniobras corporativas

Se­gún los an­ti­guos grie­gos, la po­lí­ti­ca era en­ten­di­da co­mo el ar­te de ha­cer po­si­ble lo ne­ce­sa­rio, en­ten­di­do por ne­ce­sa­rio el in­te­rés pú­bli­co. Más tar­de, a lo lar­go de la his­to­ria de la hu­ma­ni­dad y del de­sa­rro­llo eco­nó­mi­co de la so­cie­dad con­tem­po­rá­nea, en el rei­no de la ra­zón ins­tru­men­tal, el con­cep­to de los clá­si­cos ter­mi­nó con­vir­tién­do­se en una de­for­ma­ción prag­má­ti­ca, atra­ve­sa­da por una al­ta cuo­ta de im­po­ten­cia a “la po­lí­ti­ca en­ten­di­da co­mo el ar­te de lo po­si­ble”.

Lo no­ve­do­so en el es­ce­na­rio po­lí­ti­co de la Ar­gen­ti­na postcri­sis, es en­ten­der a la po­lí­ti­ca “co­mo el ar­te de no ha­cer po­si­ble lo ne­ce­sa­rio”. Es­ta con­cep­ción que ti­ñe la em­pi­ria opo­si­to­ra emer­gió en ple­na pul­sea­da cor­po­ra­ti­va del em­pre­sa­ria­do agra­rio, en opo­si­ción a la ce­le­bre re­so­lu­ción 125. Se pro­fun­di­zó con la im­pron­ta exi­tis­ta con pos­te­rio­ri­dad a las elec­cio­nes de mi­tad de man­da­to del 28 de ju­nio del año pa­sa­do, y re­to­mó, aun con más fuer­za, a par­tir de la ju­ra de los nue­vos re­pre­sen­tan­tes en Di­pu­ta­dos y en el Se­na­do­.

Pe­ro en es­ta úl­ti­ma oca­sión el he­te­ro­gé­neo en­tra­ma­do opo­si­tor, en una cru­za­da an­tigu­ber­na­men­tal, re­do­bló sus pul­sio­nes des­ti­tu­yen­tes y se lan­zó al nue­vo es­ce­na­rio po­lí­ti­co con la pre­ten­sión irreal de con­ver­tir­se en la ma­yo­ría par­la­men­ta­ria. Es­ta al­qui­mia arit­mé­ti­ca de car­ga­do tin­te opor­tu­nis­ta cons­ti­tu­ye, en cier­to mo­men­to, una en­ce­gue­ci­da má­qui­na de im­pe­dir la ac­ción de go­bier­no de la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez.

Ha­cien­do abs­trac­ción de que la de­ci­sión po­pu­lar de oc­tu­bre del 2007 fue la de ele­gir a un go­bier­no –con ca­si el cin­cuen­ta por cien­to de los vo­tos– por el pe­río­do de cua­tro años, así fue co­mo de un dis­cur­so pre­vio a las elec­cio­nes de ju­nio del año pa­sa­do, don­de se in­ten­tó por par­te de la opo­si­ción de des­dra­ma­ti­zar el re­sul­ta­do de las ur­nas, lue­go del es­cru­tinio del cam­bio par­cial de los di­pu­ta­dos y se­na­do­res, se con­vir­tió ip­so-fac­to en una suer­te de am­bi­ción des­me­di­da por cogo­ber­nar, fi­gu­ra po­lí­ti­ca ine­xis­ten­te en el sistema pre­si­den­cia­lis­ta que his­tó­ri­ca­men­te nos rige a los ar­gen­ti­nos.

Con­se­cuen­tes con es­te despropósito po­lí­ti­co, des­de el 10 de di­ciem­bre in­ten­ta­ron dar gol­pes de ti­món con la in­ten­ción de ir ob­tu­ran­do to­da ini­cia­ti­va gu­ber­na­men­tal.

Veamos, con tor­men­tas ju­di­cia­les de ve­ra­no, tra­ba­ron las de­ci­sión gu­ber­na­men­tal de la crea­ción del Fon­do del Bi­cen­te­na­rio; con me­di­das cau­te­la­res im­pi­die­ron el uso del 10% de las re­ser­vas pa­ra ha­cer fren­te a deu­das con­traí­das por go­bier­nos de la dé­ca­da de los ’90; en ple­na cri­sis re­ce­si­va a es­ca­la glo­bal, mi­ni­mi­zan las po­lí­ti­cas ac­ti­vas de cla­ro ca­rác­ter an­ti­cí­cli­co del ac­tual go­bier­no y cla­man por un re­cor­te de la in­ver­sión so­cial, pro­po­nien­do –sin de­cir­lo con to­das las pa­la­bras– que se im­ple­men­te un cla­ro ajus­te en el pre­su­pues­to; pa­ra­le­la­men­te le­van­tan la ma­no en sus ban­cas pa­ra desfi­nan­ciar el An­ses y el e­ra­rio na­cio­nal –dis­fra­zán­do­se de ada­li­des del fe­de­ra­lis­mo–, al im­pul­sar la trans­for­ma­ción del Im­pues­to al Che­que.

¿Cómo reaccionan los actores económicos? ¿Cómo reacciona la gente común? Ante el desconcierto que genera es­ta cru­za­da obstruccionista, des­de an­tes del fin de año pa­sa­do los ín­di­ces in­fla­cio­na­rios fue­ron as­cen­dien­do pau­la­ti­na­men­te, re­for­zán­do­se es­ta ten­den­cia en los pri­me­ros me­ses del año. En­tre los pro­duc­tos y ser­vi­cios en al­za fi­gu­ran al­gu­nos que se con­si­de­ran par­te sus­tan­cial de la ca­nas­ta bá­si­ca ali­men­ta­ria. Lo sor­pren­den­te es que es­tos in­cre­men­tos no se dan lue­go de au­men­tos de sa­la­rios por vía pa­ri­ta­ria, co­mo en otros años, si­no que fue­ron mo­vién­do­se al com­pás de los ru­mo­res in­te­re­sa­dos en una su­pues­ta su­ba del dó­lar, o co­mo par­te de las pro­fe­sías incumplidas por co­no­ci­dos re­fe­ren­tes de la opo­si­ción y de las sis­te­má­ti­cas ha­bla­du­rías re­pe­ti­das has­ta el har­taz­go por de­ter­mi­na­dos me­dios he­ge­mó­ni­cos.

Lo cier­to es que es­tos pre­sa­gios fue­ron creando un cli­ma in­fla­cio­na­rio que ha ge­ne­ra­do en los for­ma­do­res de pre­cio una suer­te de “au­men­tos pre­ven­ti­vos” que ter­mi­nan de­rra­mán­do­se en im­por­tan­tes ru­bros de la eco­no­mía. Uno de los más sig­ni­fi­ca­ti­vos es el mer­ca­do de la car­ne, que des­de fi­nes de 2009 ha in­cre­men­ta­do su pre­cio en ca­si el 50 por cien­to.

Man­te­ner el equi­li­brio en­tre el stock ga­na­de­ro, la fae­na, las ex­por­ta­cio­nes y los pre­cios (in­ter­nos) de la car­ne, es una de las pre­mi­sas del go­bier­no. Es­te ob­je­ti­vo ame­ri­ta la ne­ce­si­dad de im­ple­men­tar acuer­dos de pre­cios que sean cum­pli­dos por los gran­des for­ma­do­res de pre­cios a lo lar­go de la ca­de­na de va­lor, has­ta la me­sa del con­su­mi­dor. Y en el ca­so es­pe­cí­fi­co de la car­ne se debe con­fron­tar con la ló­gi­ca irra­cio­nal de los agen­tes pri­va­dos que prio­ri­zan sus ga­nan­cias vía in­cre­men­to de la ex­por­ta­ción de cor­tes po­pu­la­res en des­me­dro de ga­ran­ti­zar el abas­te­ci­mien­to a pre­cios ac­ce­si­bles a las gran­des ma­yo­rías que vi­ven de su sa­la­rio.

Po­ner en cla­ro la fun­cio­na­li­dad exis­ten­te en­tre la opo­si­ción de de­re­cha y las ma­nio­bras cor­po­ra­ti­vas en fa­vor de la al­za in­fla­cio­na­ria es una ba­ta­lla aún pen­dien­te, que, de con­cre­tar­se, per­mi­ti­rá en­ten­der quién es quién en la Ar­gen­ti­na con­tem­po­rá­nea.

Nos vemos,


Fuente

18 de marzo de 2010

Más allá de los DNU

El generalizado debate de los últimos tiempos acerca del pago de deuda pública con reservas del BCRA desbordó el objeto central de la polémica e instaló temas que van más allá de los DNU.

Nuevamente se discute sobre la legitimidad de la deuda externa como si no hubiera generalizado consenso acerca de quiénes la contrajeron para luego determinar a sus beneficiados y perjudicados.

Desde los primeros tiempos de la presidencia de Alfonsín, ya en el marco de la recuperada democracia, los intentos de Grinspun en el país y las gestiones internacionales del Presidente para intentar una investigación o, como en Cartagena, la creación de un club de deudores, fueron ahogados por las presiones tanto internas como externas. Basta recordar, como ejemplo, una investigación realizada por inspectores del BCRA durante la década del ‘80 que puso al descubierto las principales maniobras que dieron origen a gran parte del endeudamiento.

Años después se creó Attac, movimiento internacional también integrado por la Argentina, que ratificó la ilegitimidad de la deuda generada por esos mecanismos y que en nuestro país fue transferida al conjunto de la población por vía de la llamada “nacionalización de la deuda externa”.

Continuar con la identificación de los responsables de este sacrificio para el pueblo es imprescindible como, en otro orden de cosas, se sigue enjuiciando y condenando a los responsables del genocidio de la última dictadura.

Sin embargo, la controversia actual va más allá de la validez de los DNU dictados por la presidenta de la Nación y del nombramiento de Mercedes Marcó del Pont al frente del BCRA. Los sólidos antecedentes de la nueva titular del banco y sus conocidas posturas en defensa de políticas económicas activas que beneficien a los sectores más postergados, como las pequeñas y medianas empresas, hacen que su cuestionamiento se convierta en un acto netamente político y negativo para los intereses mayoritarios.

Los fundamentos de algunos de los integrantes de la elite empresaria que encabezan la resistencia a la utilización de reservas para el pago de una deuda que muchos de ellos contribuyeron a contraer son de difícil aceptación cuando se refieren a una supuestamente dramática situación de las empresas que representan. Sirvan como muestra las declaraciones del presidente de FIAT (una de las empresas citadas en el mencionado informe del Banco Central), quien afirmó en el Uruguay que luego de 80 años de decadencia en la Argentina “no hay respecto por las leyes, contratos y propiedad privada”. Ello no impidió que, durante el mes de febrero último, las terminales de automotores fabricaran 40 mil unidades, un 170 por ciento más que en el mismo mes del año anterior. La producción nacional registró una suba del 26,9 por ciento respecto de enero y un incremento del 169,1 por ciento con relación a igual mes del año pasado.

Como estaba previsto se reunieron las distintas cámaras empresarias para fijar una posición conjunta frente al Gobierno (estarán dirigentes de la Mesa de Enlace, la Unión Industrial y la Asociación Empresaria Argentina). No es casual que la convocatoria de esos empresarios haya sido realizada en el marco de la Expoagro, cuyo enorme éxito de público y ventas fue destacado por sus patrocinadores Clarín y La Nación, lo que implicaría una desmentida a las dificultades que tan insistentemente pregona el llamado “campo”.

Es cierto que las cifras macro-económicas no implican una distribución equitativa del ingreso pero, como es tradicional, quienes más hacen oír sus quejas son los habitantes de la cúpula de la pirámide.

Está claro que queda mucho por hacer en la Argentina, pero es necesario evitar la acción de empresarios concentrados que quieren imponer la marcha atrás para recrear el modelo de los ’90, apóstoles de un ajuste que hoy hace temblar a sociedades como la griega.

Nos vemos.


Sobre textos de Juan Carlos Amigo

17 de marzo de 2010

Opositores: vedetismo e hipocresía


Si la oposición no hiciera vedetismo explícito -como dice Roxana Latorre- y los medios no fueran tan amarillos políticamente, poco es lo que podrían hacer. Juntos, la crema opositora, la crema mediática y la Iglesia Católica montan una muestra de hipocresía notable.

Cuando Mariano Grondona mira a cámara y sostiene impávido, sin que se le caiga la cara: “que conste que yo quiero que a este gobierno (el de Cristina) le vaya bien… porque así nos beneficiamos todos los argenti… etc, etc”, uno se pregunta ¿los seguidores de este señor se doblan en dos de risa o le creen?

Hace años que escucho al Episcopado de la Iglesia Católica oficial de la Argentina cómo se retuerce de dolor ante la miseria y la pobreza. La sufre, la padece, la llora y se encomienda al Señor para que erradique esa lacra. ¿Es la misma Iglesia que fue determinante en el derrocamiento de Perón? ¿Es la misma Iglesia que en estrecha comunión con la gente bien hizo lo imposible en 1955 por erosionar al único gobierno que llevó alivio real a la pobreza y erradicó la indigencia?

¿Se acuerdan de De Angeli cuando le preguntaban por TV antes de la votación en el Senado “¿se está sobornando con dinero a los legisladores? ¿los remisos reciben coimas para votar a favor de las retenciones? El gauchito humilde se escandaliza y ampulosamente dice “no, yo no podría sostener eso”, pero a cartón seguido agrega con un veneno mal disimulado: “eso sí, se ven movimientos raros, reuniones misteriosas, llamadas telefónicas y sugestivas, gente que entra y sale con sobres de sospechoso contenido”.

En estas lides la pitonisa Carrió es una experta. En pleno bolonqui con el campo le susurró a Morales Solá en voz baja y mirando a hurtadillas hacia los costados del estudio de TV: “Kirchner no va a parar hasta que corra sangre”, “Kirchner quiere sangre”. ¿Ese tono de servicio secreto y esa expresión conspirativa tenían la ridícula pretensión de aterrorizar a alguien?.

Lilita, tu gobierno de la Alianza dejó más de 40 cadáveres en el camino. Estuvieron sólo 2 años, no hicieron nada y mataron un montón de gente. Kirchner estuvo 5 años, hizo de todo y no tuvo un solo muerto. Y Cristina Fernández de Kirchner sigue reconstruyendo.

Alguien debería escribir el Gran Tratado de la Hipocresía Nacional.

Entonces desde esta perspectiva, cabe preguntarse ¿Exis­te la es­tra­te­gia de la opo­si­ción? De una, todos apuntan a ser candidatos a presidente en el 2011, por lo tanto existen estrategias diferenciadas.

La agre­si­vi­dad de la doc­to­ra Eli­sa Ca­rrió no sur­ge de su ines­ta­bi­li­dad , emo­cio­nal. Su mo­de­lo es clá­si­co: un ra­di­cal ti­po 1970; ese ra­di­cal tie­ne una com­po­nen­te se­ve­ra­men­te an­ti­pe­ro­nis­ta, por eso su pro­xi­mi­dad a los or­ga­nis­mos cam­pe­ros, y por eso su ele­va­da vi­ru­len­cia ver­bal.

Mar­ga­ri­ta Stol­bi­zer sa­be que si el ra­di­ca­lis­mo no exis­te en la pro­vin­cia de Bue­nos Ai­res, pa­sa a ser una fan­ta­sía en mar­cha ha­cia la ex­tin­ción. Sen­si­ble a la re­pug­nan­cia que la so­cie­dad ma­ni­fies­ta fren­te al con­flic­to y los en­fren­ta­mien­tos, cons­cien­te de que no siem­pre de­be y pue­de po­ner trabas, no apues­ta a una can­di­da­tu­ra pre­si­den­cial an­ti­ci­pa­da y aglu­ti­nan­te, si­no a una ló­gi­ca de cre­ci­mien­to sis­te­má­ti­co.

Ca­rrió, en cam­bio, apro­ve­cha es­ta cal­cu­la­da ti­mi­dez pa­ra arre­me­ter e in­ten­tar arras­trar al con­jun­to, sin de­jar de acu­sar­los a ca­si to­dos de cóm­pli­ces, cons­cien­tes o inconscientes, gra­tui­tos o pa­gos, del Go­bier­no. Tra­za una ra­ya teo­ló­gi­ca, y los que no la si­guen son de­mo­ni­za­dos.

El tercer pro­yec­to pa­ra 2011 sur­ge, co­mo no pue­de ser de otro mo­do, del pe­ro­nis­mo di­si­den­te. Con­fluyen me­ne­mis­tas que no se re­ci­cla­ron y los que la 125 engendró fuera del oficialismo y que denominamos camperos. Co­mo ese pe­ro­nis­mo, encarnado en De Narváez, Solá y Duhalde, no tie­ne, en realidad nun­ca tu­vo, alia­dos en Ca­pi­tal, Mau­ri­cio Ma­cri apor­ta­ba el es­qui­vo dis­tri­to, con­fi­gu­ran­do una alian­za con­ser­va­do­ra de re­la­ti­va ho­mo­ge­nei­dad ideo­ló­gi­ca y com­ple­jos afluen­tes cul­tu­ra­les. Pe­ro ni si­quie­ra esa bi­sa­gra de­ja de re­chi­nar, ya que to­dos as­pi­ran a to­do y por tan­to el acuer­do só­lo es un al­to en la pe­lea por ser el elegido.

Tiene razón Latorre, la po­si­bi­li­dad de jun­tar­le la ca­be­za a to­da la opo­si­ción es­tá de­ter­mi­na­da por un da­to sim­ple: ca­da una de las frac­cio­nes en un ma­no a ma­no con el ofi­cia­lis­mo pier­de. Kirchner esta por encima de todos. Por eso, apelando a la hipocresía, crean un es­pe­jis­mo po­lí­ti­co: jun­tos son más, jun­tos pue­den.

Se­ría ver­dad si es­tu­vie­ran jun­tos, pe­ro só­lo es­tán amon­to­na­dos; de mo­do que só­lo una de las tres frac­cio­nes ven­ce. Es­to es, las otras dos pier­den, y co­mo na­die es­tá men­tal­men­te dis­pues­to a tanta des­hon­ra, an­tes de jun­tar­se, por las du­das, rom­pen. No sea co­sa que la de­rro­ta del Go­bier­no ter­mi­ne sien­do tam­bién la pro­pia. Y eso es lo úni­co que en de­fi­ni­ti­va ter­mi­na con­tan­do.

Nos vemos


Fuente: algo de Alejandro Horowicz y Braga Menéndez

16 de marzo de 2010

Derecha económica y política

En política las alianzas valen y significan mucho más que una mera coalición para lograr determinados objetivos circunstanciales o de ubicación privilegiada en puestos ejecutivos. Esto no es nuevo. Se sabe de qué se habla cuando se plantea una alianza. En general, se pretende que se deben anteponer objetivos a acuerdos políticos. Es lo que hoy escasos políticos de la llamada oposición plantean como antecedente necesario para formalizar alianzas electorales. Parece lógico. Pero, entretanto, como la política no se detiene, las uniones que se articulan responden a urgencias y necesidades contingentes de aliados potenciales. Y en cada ocasión en que se concretan, para una simple elección de autoridades del Congreso, implican resultados muchas veces contrarios a los que se pregonan pues han antepuesto el reparto de posiciones antes que la discusión de ideas.

De resultas de estos extraños contubernios sin programa surgen repercusiones previsibles o sorprendentes, negadoras de los principios que se dicen defender. Prima el acaparamiento de puestos antes que un proyecto de sociedad diferente consensuado. Un ejemplo fue el reparto de cargos en el proceso de implementación de la alianza planteada para configurar una “oposición” sólo destinada a quedarse con alguna presidencia de comisión sin condiciones y sin proyectos a llevar adelante. Han quedado al frente de las comisiones de Legislación General y Agricultura de la Cámara de Diputados dos legisladores francamente opuestos a toda disposición que tenga ribetes progresistas.

El caso paradigmático, es el de la Comisión de Agricultura. Allí ha recalado un diputado radical, alto dirigente de Confederaciones Rurales Argentinas, de neto perfil derechista, cuya primera declaración pública hizo alusión a que, en forma inmediata, se iba a abocar a tratar el tema del Oncca. Este organismo estatal es el que se ha encargado en los últimos años de regular la cuestión de la soberanía alimentaria, estableciendo cupos para el consumo interno frente al envío de cereales y oleaginosas al exterior a fin de evitar el desabastecimiento interno. Además ha formalizado compensaciones o subsidios cruzados entre recursos proporcionados por las retenciones sojeras y los costos de insumos alimentarios altamente críticos de la canasta familiar. Es decir, ha ido operando, aunque en forma muy parcial y limitada, como debería ser una Junta Nacional de Granos revivida.

El diputado radical pretende que se borre del mapa cualquier modesto intento de regulación del sacrosanto mercado. No se habla de reponer una Junta Nacional Reguladora de cereales y oleaginosas y de productos regionales de consumo masivo. Eso no pasará. Ni de volver a presentar la reforma a la ley de arrendamientos para preservar la calidad del suelo. Eso no pasará. Ni de discutir la situación del campesinado y la pequeña producción familiar. Eso no se discutirá. Además de la Oncca, incorporó la discusión sobre “rebaja de retenciones”. Como se ve, todas normas destinadas a acrecentar el bolsillo de los grandes productores y de los financistas que manejan el 70 por ciento de la tierra dedicada a la soja.

¿No se dieron cuenta los diputados que postulan una visión vinculada con las transformaciones agrarias progresistas de este nuevo escenario? Le han cedido en bandeja a lo más rancio del segmento de dueños de la tierra el poder para que ellos avancen sin limitaciones. Precisamente las retenciones a los productores de soja constituyen una respuesta importante para redistribuir la renta financiera y agraria proveniente de las transacciones del mercado sojero. La anterior conformación de la Comisión estaba presidida por un valioso académico, estudioso de los problemas agrarios desde una visión favorable a los intereses de los más débiles dentro de la actividad agraria, como Alberto Cantero, ex rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto y muy destacado especialista en la materia. De su esfuerzo salió el proyecto de ley de arrendamientos rurales, que es una valiosa pieza de política agraria ahora destinada al cajón de los recuerdos. La Santa Alianza sirvió para retroceder sensiblemente en la producción de legislación transformadora y protectora del medioambiente rural y de la pequeña producción agraria.

Lo mismo ocurre ahora con el tema de la presidencia del Banco Central que en Senadores está sujeta a la forma en cómo se repartió el poder en las comisiones, fruto de otra renacida Alianza en donde supuestos adalides del progresismo se colocaron del lado de los dueños del poder. La posibilidad de que una economista del perfil ideológico de Mercedes Marcó del Pont presidiese el Banco Central unió a toda la derecha para evitar su confirmación.

Está todo muy claro. Las consecuencias de la reciente Alianza son funestas para el futuro. El capital financiero que perdió dos veces en los últimos seis años, tanto con la renegociación de la deuda pública, la más profunda y voluminosa de toda la historia financiera internacional, y la estatización de las AFJP, se va a cobrar, ahora, la revancha. Lo que sucedió no fue un acto inocente. Los que votaron dentro de la Alianza sin especificar proyectos ni medidas transformadoras sustanciales le han tendido un puente de plata a la derecha económica y política.

Nos vemos


Sobre textos de Alejandro Rofman, Economista. Miembro del Plan Fénix

15 de marzo de 2010

Política fiscal expansiva

En esta entrada, planteábamos la necesidad de tener una discusión de fondo sobre la conveniencia de seguir aplicando políticas fiscales expansivas.

Como paso previo al análisis acercamos una brevísima definición sobre la política fiscal. Es una política económica que usa el gasto público y los impuestos como variables de control para asegurar y mantener la estabilidad económica (y entrar en déficit o superávit según convenga). Por lo tanto, es una política en la que el Estado participa activamente, a diferencia de otras como la política monetaria.

La aplicación de políticas fiscales expansivas a partir del 2003 fue necesaria para estimular la demanda agregada, dado que la economía estaba atravesando un período de recesión y necesitaba un impulso para expandirse. La teoría económica dice que es necesario conjugar la herramientas para aumentar la producción (y el empleo) y aumentar la renta disponible de las personas físicas, lo que provocará un mayor consumo y una mayor inversión de las empresas, en conclusión, un desplazamiento de la demanda agregada en sentido expansivo.

Entonces la discusión a que hicimos referencia, apunta a reafirmar el modelo de crecimiento o volver a modelos de quiebra neoliberal.

El gra­do de opo­si­ción plan­tea­do a la po­lí­ti­ca de de­sen­deu­da­mien­to del Go­bier­no na­cio­nal, a tra­vés de la uti­li­za­ción de las re­ser­vas del Ban­co Cen­tral, per­mi­te en­tre­ver el po­der de los ac­to­res afec­ta­dos por la ad­mi­nis­tra­ción de los re­cur­sos es­ta­ta­les. Si bien el en­fren­ta­mien­to po­lí­ti­co ge­ne­ra un cli­ma de aver­sión al ries­go que per­ju­di­ca las de­ci­sio­nes de con­su­mo e in­ver­sión y de­bi­li­ta la ac­ción de un go­bier­no que ha di­ri­gi­do la ma­yor ex­pan­sión his­tó­ri­ca de nues­tra eco­no­mía, al me­nos ins­ta­la un de­ba­te que en­ri­que­ce el pen­sa­mien­to eco­nó­mi­co, y ex­hi­be de for­ma ca­da vez más elo­cuen­te los in­te­re­ses crea­dos y los me­ca­nis­mos a tra­vés de los cua­les se pro­te­gen.

Só­lo exis­ten dos pro­pues­tas al­ter­na­ti­vas en­fren­ta­das al pro­yec­to ofi­cial: la fi­nan­cie­ra y la fis­cal.

La op­ción fi­nan­cie­ra con­sis­te en to­mar más deu­da de mo­do cró­ni­co y sin re­pa­rar en su cos­to fu­tu­ro. Se pre­ten­de con­ti­nuar con es­ta po­lí­ti­ca a pe­sar del fra­ca­so neo­li­be­ral de fi­nes de los años ’70 y de la dé­ca­da de los ’90, cu­yas me­di­das des­na­cio­na­li­za­ron la eco­no­mía e im­pu­sie­ron una ló­gi­ca de en­deu­da­mien­to y de­pen­den­cia de los or­ga­nis­mos in­ter­na­cio­na­les de cré­di­to, que a tra­vés de sus con­di­cio­na­mien­tos y de la com­pli­ci­dad del Go­bier­no con­du­je­ron a la peor cri­sis eco­nó­mi­ca y so­cial de la his­to­ria. Hoy los re­pre­sen­tan­tes del sec­tor fi­nan­cie­ro ad­vier­ten que el uso del 37% de las “re­ser­vas de li­bre dis­po­ni­bi­li­dad” (14% del to­tal de las re­ser­vas) ali­men­ta­rá un pro­ce­so in­fla­cio­na­rio y au­men­ta­rá el ries­go de em­bar­go de las re­ser­vas que plan­tea­rían los hol­douts.

Por su par­te, la pro­pues­ta fis­cal por la vía de con­trol del gas­to (ajuste fiscal) re­quie­re una re­vi­sión in­te­gral del Pre­su­pues­to na­cio­nal y, en con­se­cuen­cia, li­mi­ta la fle­xi­bi­li­dad del Po­der Eje­cu­ti­vo en la ad­mi­nis­tra­ción de los in­gre­sos que even­tual­men­te ex­ce­dan el gas­to to­tal pre­su­pues­ta­do. Es­to, si bien apor­ta­ría ma­yor con­trol del gas­to pú­bli­co, im­pli­ca­ría tam­bién rei­te­rar las po­lí­ti­cas neo­li­be­ra­les del pa­sa­do, en la me­di­da en que uti­li­zar el Pre­su­pues­to pa­ra el pa­go de la deu­da res­ta­ría re­cur­sos pa­ra sa­lud, edu­ca­ción y obra pú­bli­ca.

No hay ca­sos exi­to­sos de de­sa­rro­llo eco­nó­mi­co a tra­vés de una po­lí­ti­ca de ajus­te y, ade­más, se con­tra­po­ne a las me­di­das con­tra­cí­cli­cas de au­men­to del gas­to pú­bli­co que per­mi­tie­ron con­te­ner la caí­da del pro­duc­to y del em­pleo en un con­tex­to mun­dial don­de 27 mi­llo­nes de per­so­nas per­die­ron sus pues­tos de tra­ba­jo en el 2009. De he­cho, la es­tra­te­gia de ale­ja­mien­to del Es­ta­do de la eco­no­mía es pro­pia de las na­cio­nes sub­de­sa­rro­lla­das, mien­tras que los paí­ses más avan­za­dos po­seen Es­ta­dos mu­cho más par­ti­ci­pa­ti­vos en sus mer­ca­dos.

Por úl­ti­mo, el pro­yec­to de los sec­to­res más pro­gre­sis­tas del ar­co po­lí­ti­co de in­cre­men­tar la pre­sión tri­bu­ta­ria so­bre los sec­to­res más ren­ta­bles y con­cen­tra­dos de la eco­no­mía re­quie­re cier­to gra­do de po­der po­lí­ti­co que, la­men­ta­ble­men­te, en el ac­tual en­tor­no apa­re­ce con ba­ja pro­ba­bi­li­dad de éxi­to; cho­ca­ría con po­de­ro­sos in­te­re­ses que ofre­ce­rían una ma­yor re­sis­ten­cia aún que la que hoy en­fren­ta el Go­bier­no.

En si­mul­tá­neo, ese sec­tor im­pul­sa una au­di­to­ría de la deu­da pú­bli­ca, tra­tan­do de es­ta­ble­cer cuál es la pro­por­ción de deu­da le­gí­ti­ma y cuál es la frau­du­len­ta, co­mo ac­tual­men­te lo rea­li­za Bra­sil res­pec­to de su pa­si­vo con­traí­do du­ran­te los úl­ti­mos trein­ta años o en el ca­so de Ecua­dor, que a tra­vés de esa vía ne­go­cia des­de el 2007 el pa­go de só­lo la ter­ce­ra par­te del mon­to to­tal adeu­da­do.

La uti­li­za­ción de re­ser­vas, ge­ne­ra­das a par­tir de las po­lí­ti­cas pro­duc­ti­vis­tas de los úl­ti­mos ocho años fue em­plea­da en el pa­go al FMI ha­ce só­lo cua­tro años. A pe­sar de que ese de­sem­bol­so re­pre­sen­ta­ba el 35% de las re­ser­vas to­ta­les, la in­fla­ción no se des­con­tro­ló y la eco­no­mía si­guió cre­cien­do a las ma­yo­res ta­sas de su his­to­ria por tres años con­se­cu­ti­vos (2006-2008).

Evi­den­te­men­te, la opo­si­ción plan­tea­da en es­tos mo­men­tos ca­re­ce de ri­gor téc­ni­co y re­ve­la in­te­re­ses eco­nó­mi­cos y po­lí­ti­cos que pro­vo­can una in­cer­ti­dum­bre que le­sio­na el di­na­mis­mo de nues­tra eco­no­mía.

Nos vemos,


Sobre textos de Mariano Kestelboim

14 de marzo de 2010

Los viejos profetas del odio

Morales Solá en su salpicón de hoy dejando las sutilezas de lado reparte a diestra y siniestra su malhumor. Como si fuera el club del trueque y desde esa perspectiva interpreta a los actores políticos como clientes en un Un shopping permanente para la compra y venta de votos. Esta tan enojado como su preferida -en esto de engendrar odio, Carrió- que entiende que "sólo la deslealtad de un senador opositor podía dejar a la Cámara alta sin quórum. Los senadores que se han ido con el Gobierno volverán con la oposición y después se irán de vuelta. Ese juego será interminable y es la estrategia de ellos. Una adscripción definitiva al kirchnerismo les impediría seguir cotizando en Bolsa. Nunca harán eso".


Mariano Grondona con sus habituales metáforas, hoy hablando de halcones y palomas tiene el miedo a flor de piel por las expresiones de Kirchner de transitar en el poder hasta el 2020 "Este anuncio respondía al objetivo de anticipar que los Kirchner aspiran a quedarse sin término a la vista, sin respetar el límite de los cuatro años más otros cuatro de nuestra Constitución, un límite que por su parte han respetado Lula en Brasil y hasta el propio Uribe en Colombia, en su caso a instancias de una corte electoral. Cuando habla del año 2020, ¿en qué estará pensando entonces el halcón oficial? ¿Sólo en una secesión "política" de manos, digamos, de un Daniel Scioli, o en una sucesión "dinástica" que prolongue la continuación indefinida de la familia Kirchner en el poder, tal vez a través de su hijo militante Máximo, quien para aquella fecha tendrá 42 años en lugar de los 70 años de su padre? ".

Los viejos profetas del odio. Los viejos maestros del odio. Llaman populismo a toda medida que intente revertir las consecuencias nefastas que el ideario neoliberal ha sabido derramar por estas tierras. Más aún, culpan a eso que llaman populismo, de todos los desastres que padeció y padece el país por las políticas que ellos implementaron (deuda externa, extrema pobreza, inseguridad, justicia burlada, etc).

Se empalagan con vacías premisas republicanas para impedir que se cumplan los derechos básicos de sus conciudadanos, sobre todo aquellos que le cambian la vida a los más desprotegidos.

Hablan de fascismo con una liviandad propia de quienes nunca se comprometen con la verdad y utilizan términos muy sensibles a nuestra trágica historia (persecución, censura, autoritarismo) para denigrar a un gobierno que hizo de la defensa de los derechos humanos una política de Estado.

Instalan sospechas infundadas en cada acción de gobierno para ocultar la ausencia de propuestas alternativas. Hablan desde una verdad absoluta y una moral intachable que poco se condice con sus actos públicos y sus trayectorias.

Son los viejos profetas del odio, esos a los que les irrita el éxito de un gobierno popular.

Hubiesen preferido el fracaso de las políticas de reactivación para solazarse con una nueva frustración colectiva y, de paso, anoticiarnos de que ya habían profetizado ese destino incierto. Son los que se resisten a reconocer el carácter correcto de las decisiones políticas del gobierno, aún aquellas que habían considerado necesarias en su momento.

Son los que piden prudencia y moderación, pero caen siempre en el más gratuito agravio y la continua descalificación. Son los que apelan a la moralina barata y la pose indignada pero reproducen en sus escritos, defensas a lo peor de la política argentina, esa que nos llevó a la crisis de representación y el descreimiento colectivo.

Son los que se rasgan las vestiduras si 20 adolescentes toman ilegalmente una escuela de barrio, pero festejan cuando los nuevos ricos cortan todas las rutas del país también ilegal e inconstitucionalmente.

Son tan mentirosos e hipócritas, que repiten que desean que al gobierno le vaya bien y tenga éxito, cuando no pararon de inventar falacias, catástrofes inminentes, negociados inexistentes y pronósticos siniestros que nunca sucedieron.

Son los mismos que, en nombre de la reconciliación y el futuro, pretenden condenarnos a un presente sin verdad y sin justicia.

Nos vemos,


Fuente: La Nación, Perfil, Braga Menéndez
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