28 de febrero de 2010

Discurso de derecha y batalla cultural

“El sis­te­ma de par­ti­dos po­lí­ti­cos ar­gen­ti­nos es una mier­da. Nun­ca exis­tió. El pe­ro­nis­mo, ¿has­ta dón­de fue un par­ti­do po­lí­ti­co? El pe­ro­nis­mo fue una abe­rra­ción, una ver­güen­za. ¿Qué es lo que quie­re el pe­ro­nis­mo? La Ar­gen­ti­na es un país que no se pue­de li­be­rar de la in­fluen­cia de un bo­lu­do, co­mo fue Pe­rón, un ig­no­ran­te, un neo­fas­cis­ta.” El au­tor de es­ta in­can­des­cen­te pa­rra­fa­da es un co­no­ci­do bo­cón: Jor­ge Schaul­sohn, un po­lí­ti­co chi­le­no que se jac­ta de de­cir lo que los de­más ca­llan, y que él pro­cla­ma en el li­bro de Pa­blo Ro­sen­do Gon­zá­lez La Ar­gen­ti­na fue­ra de sí.

En el 2004 es­tu­vo a pun­to de ga­nar la al­cal­día de San­tia­go, co­mo can­di­da­to de la Con­cer­ta­ción; an­tes ha­bía si­do pre­si­den­te de la Cá­ma­ra de Di­pu­ta­dos, pe­ro sus “de­sa­for­tu­na­dos” mo­vi­mien­tos fi­nan­cie­ros –mal vis­tos des­de la pers­pec­ti­va del Có­di­go Pe­nal– lo pu­sie­ron en la an­te­sa­la de la cár­cel. En­ton­ces, es­te lob­bis­ta de la de­re­cha par­la­men­ta­ria tu­vo que aban­do­nar su mo­des­to lu­gar jun­to a Se­bas­tián Pi­ñe­ra –pre­si­den­te elec­to de Chi­le– por sus cre­cien­tes di­fi­cul­ta­des ju­di­cia­les.

Ci­tar­lo tie­ne un so­lo ob­je­to: des­nu­dar lo que pien­sa la de­re­cha su­da­me­ri­ca­na –y no só­lo ella, cla­ro–, y de la enor­me li­vian­dad con que or­ga­ni­za su dis­cur­so pú­bli­co. So­la­men­te un pa­té­ti­co se­ñor pue­de creer que la his­to­ria gi­ra en tor­no de un “bo­lu­do”, y só­lo quien ca­re­ce de to­do sen­ti­do de las pro­por­cio­nes se jac­ta por de­cir lo que la ver­güen­za les evi­ta ver­ba­li­zar a los de su mis­mo pa­lo. Una pre­gun­ta cam­pea: ¿só­lo la de­re­cha su­da­me­ri­ca­na tie­ne tan ba­jo ni­vel?

Sa­rah Pa­lin, la can­di­da­ta re­pu­bli­ca­na a la vi­ce­pre­si­den­cia de los Es­ta­dos Uni­dos, aú­na la mis­ma li­vian­dad po­lí­ti­ca con idén­ti­ca ma­triz ideo­ló­gi­ca; es­to es, no se aver­güen­za de na­da; y es­to es lo des­ta­ca­ble, sus su­ce­si­vas bou­ta­des –es un mo­do ele­gan­te de con­tar­lo– no ha­cen que su lu­gar en la con­si­de­ra­ción po­pu­lar de­cai­ga. Ése es el ver­da­de­ro asun­to.

Hom­bres y mu­je­res par­ti­cu­lar­men­te me­dio­cres, sin la me­nor pre­pa­ra­ción in­te­lec­tual y po­lí­ti­ca, que a ga­tas pue­den leer un tex­to en voz al­ta, que no tie­nen la me­nor idea so­bre el fun­cio­na­mien­to es­truc­tu­ral de na­da, son vis­tos por sus con­ciu­da­da­nos co­mo re­fe­ren­tes in­sos­la­ya­bles. Y otro tan­to su­ce­de en la cul­ta Eu­ro­pa.

Ni­co­las Sar­kozy, an­tes de ser pre­si­den­te fran­cés, es­tu­vo a car­go del Mi­nis­te­rio de In­te­rior; co­rrían los días en que los jó­ve­nes pa­ri­si­nos de los ba­rrios pe­ri­fé­ri­cos que­ma­ban au­tos pa­ra lla­mar la aten­ción so­bre las te­rri­bles con­di­cio­nes de su exis­ten­cia. Sar­kozy no só­lo no se pro­pu­so en­ten­der qué pa­sa­ba, si­no que in­sul­tó –con las peo­res ex­cre­cen­cias ra­cis­tas– a los mo­vi­li­za­dos. El idea­rio de la de­re­cha clá­si­ca –se­xis­ta, an­ti­se­mi­ta, ho­mó­fo­bo, con­tra­rio al es­ta­do de bie­nes­tar, an­tio­bre­ro y dis­cri­mi­na­dor– bro­tó de sus la­bios sin ma­yo­res di­fi­cul­ta­des. Co­mo es Fran­cia tu­vo que pe­dir dis­cul­pas. Una for­ma­li­dad, por cier­to, pe­ro no una cues­tión me­nor. Cla­ro que ese pun­to de vis­ta le ase­gu­ró la vic­to­ria con­tra la can­di­da­ta so­cia­lis­ta en las úl­ti­mas elec­cio­nes pre­si­den­cia­les.

Cuan­do Juan ha­bla de Pe­dro so­bre to­do nos cuen­ta de Juan, ex­pli­có ha­ce ya mu­chos años el doc­tor Freud. En es­te ca­so, Sar­kozy mos­tró el puen­te que co­nec­ta des­de el af­fai­re Drey­fus –ce­le­bre ca­so de an­ti­se­mi­tis­mo mi­li­tar de los ser­vi­cios se­cre­tos que en­cu­brió la trai­ción, de par­te del Es­ta­do Ma­yor, a fi­nes del si­glo XIX– has­ta el co­lo­nia­lis­mo en Ar­ge­lia; sin ol­vi­dar, por cier­to, el co­la­bo­ra­cio­nis­mo con Hi­tler del go­bier­no del ma­ris­cal Pe­tain. To­da la his­to­ria bro­ta de sus pa­la­bras, un con­ti­nuo que abre­va del lo­da­zal san­gui­no­len­to del pa­trio­tis­mo im­pe­ria­lis­ta.

¿Y por ca­sa co­mo an­da­mos? En el tex­to más fa­mo­so del si­glo XIX, el Mar­tín Fie­rro, la es­ce­na de ma­yor in­ten­si­dad dra­má­ti­ca –la pe­lea en­tre Fie­rro y el in­dio que aca­ba de atar a la cau­ti­va, con las tri­pi­tas de su be­be– de­ja en cla­ro que el úni­co in­dio bue­no es el in­dio muer­to. Unos cuan­tos años an­tes de la de­no­mi­na­da “Cam­pa­ña del De­sier­to”, las va­lo­ra­cio­nes co­lec­ti­vas que la hi­cie­ron po­si­ble –va­lo­ra­cio­nes dis­cur­si­vas, por cier­to– ga­na­ron la ca­be­za de los ar­gen­ti­nos. Y un li­bro que no dio en vi­da pres­ti­gio in­te­lec­tual a su au­tor –Jo­sé Her­nán­dez era con­si­de­ra­do un es­cri­tor sin ma­yo­res va­lo­res es­té­ti­cos, y su tex­to, un li­bro po­pu­la­che­ro que gus­ta­ba a los peo­nes pa­ta al pi­so– en bo­ca de Leo­pol­do Lu­go­nes se trans­for­mó en oda na­cio­nal. Es de­cir, fue le­van­ta­do con­tra los obre­ros in­mi­gran­tes –so­cia­lis­tas, anar­quis­tas, fun­da­do­res de sin­di­ca­tos– re­cor­dán­do­les que si el gau­cho sin­te­ti­za­ba el ser na­cio­nal, y los gau­chos fue­ron ex­ter­mi­na­dos, ellos no co­rre­rían me­jor suer­te si se les ocu­rría re­to­bar­se.

La Se­ma­na Trá­gi­ca, con po­grom en el On­ce y to­do –ene­ro del ’19– y la ma­sa­cre de peo­nes chi­le­nos en la Pa­ta­go­nia por par­te del Ejér­ci­to (1921) mos­tra­ron a las cla­ras có­mo era la co­sa. La “paz so­cial” rei­nó has­ta oc­tu­bre de 1945, y ésa es la idea que to­da­vía pro­cla­man y prac­ti­can los con­ser­va­do­res del mun­do.

Lo de­más es sa­bi­do, el de­rro­ca­mien­to del go­bier­no cons­ti­tu­cio­nal de Pe­rón, sep­tiem­bre del ’55, y la dic­ta­du­ra bur­gue­sa te­rro­ris­ta uni­fi­ca­da de 1976. Con la re­cu­pe­ra­ción del go­bier­no par­la­men­ta­rio, la po­si­bi­li­dad de es­ta­ble­cer la ver­dad de lo ocu­rri­do se vol­vió teó­ri­ca­men­te po­si­ble. La cri­sis del 2001 des­tru­yó el or­den exis­ten­te, sin fun­dar uno nue­vo, pe­ro a las pa­la­bras no se las lle­va el vien­to. Las vol­vi­mos a es­cu­char en los jui­cios al co­mi­sa­rio Et­che­co­latz y el cu­ri­ta Von Wer­nich, y re­tum­ban en las va­lo­ra­cio­nes que lee­mos en los co­men­ta­rios que los lec­to­res es­cri­ben en las pá­gi­nas in­te­rac­ti­vas de los dia­rios. Con un aña­di­do: no se que­dan en tan mó­di­co lu­gar, as­cien­den has­ta el dis­cur­so po­lí­ti­co pú­bli­co.

No nos equi­vo­que­mos, na­die pue­de es­cri­bir co­mo si na­da “es un ju­dío de mier­da” sin pa­gar los cos­tos; pe­ro sos­te­ner que el ge­ne­ral Pe­rón es un “bo­lu­do” y que la com­pac­ta ma­yo­ría se re­fe­ren­cia en él, equi­va­le a de­nos­tar­la sin el me­nor equí­vo­co. Si lee­mos con un mí­ni­mo de aten­ción ése es el to­no y el fon­do del dis­cur­so po­lí­ti­co en bo­ga. De no­so­tros de­pen­de que de­je de ser­lo pe­na­li­zán­do­lo po­lí­ti­ca­men­te.

Nos vemos,


Sobre textos de Alejandro Horowicz

27 de febrero de 2010

Odio y dinámica política


Hay muchos modos de contar la relación política entre Néstor Kirchner y Carlos Saúl Menem, pero hay uno que resulta particularmente esquizofrénico. En esta última versión –alentada por Eduardo Duhalde– el faltazo de Menem al cónclave senatorial sólo puede ser parte de una estratagema pactada con el oficialismo. No cabe ninguna duda de que la animosidad de Duhalde contra ambos está en el tope de lo imaginable, y que esa animosidad tiene algún papel en la construcción de su línea argumental. Sin embargo, este abordaje deja al descubierto la naturaleza del acuerdo opositor: todos son mejores que el oficialismo, y oponerse sin más sirve para adecentar a cualquiera, incluso a Menem. Y si De la Rúa sirviera, bienvenido.

Desde esta perspectiva la historia colectiva resulta imposible de explicar, el estallido del 2001 no debiera haber sucedido, y tampoco se puede entender cómo un gobernador patagónico arribó a la Casa Rosada en el 2003, y su mujer revalidó esas credenciales en el 2007. Sin embargo, semejantes dificultades argumentales no le quitan el sueño a casi nadie, y lo que es muchísimo más grave: tienen sobrados motivos para despreocuparse, ya esa clase de contradicciones no calan en el odio con que la compacta mayoría premia al gobierno.

Volvamos al comienzo. Menem hace un rato largo que terminó siendo una especie de oxímoron de la política nacional; el “roban pero hacen” con que la sociedad valoró ese época era su bandera. De algún modo diferenciaba a los que “roban pero no hacen”, o mejor aún, a los que “ni roban ni hacen”. El problema no fue la decencia, que llegó a ser sinónimo de cortedad personal, sino la eficacia. Y si con De la Rúa el valor decencia pareció significar algo, la crisis de la Banelco sólo supuso la renuncia de Chacho Álvarez en medio de una notable pasividad social. Y aun así, sigue siendo la principal acusación contra la gestión K.

En general, el odio suele ser un material altamente inflamable, pero poco apto para construcciones más duraderas. Lo más interesante de un sentimiento tan intenso suele pasar por los motivos que lo gatillan. Motivos que suelen ser bastante menos explícitos que el odio que nadie se cuida de ocultar. Casi es de buen tono odiar al gobierno, al menos en el sector que imprime su cloacal punto de vista en las páginas interactivas de los diarios.

Pero la pregunta que requiere cierta respuesta es ésta: ¿qué motiva un odio tan compacto? Suponer que todos odian por idénticas causas constituye una cómoda simplificación sociológica. Al tiempo que no se nos escapa que no pueden no existir motivos concurrentes; de lo contrario la posibilidad de conectar los diversos odios entre sí carecería de elemento precipitante. Para los defensores del gobierno el odio pasa, fundamentalmente, por la política de derechos humanos. Desde esa trinchera razonan así: son las virtudes del gobierno las que lanzan a una multitud clasemediera –fogoneada por TN– a la diatriba permanente.

Los juicios al comisario Echecolatz y al curita Von Wernich transcurrieron durante la gestión de Néstor Kirchner. Aun así, la imagen positiva del entonces presidente no sufrió mengua alguna. Una mirada más atenta permite fechar el viraje decisivo durante el mandato de Cristina Fernández. Si bien el grado de hostilidad mediático fue casi instantáneo, reducir una cosa a la otra suele ser un error. Diría que el parteaguas fue la resolución 125; desde el momento que su aplicación fue puesta en entredicho por la movilización campera, el humor de los habitantes urbanos cambió violentamente: ¿por que? La sociedad argentina detesta el conflicto. El motivo es simple, para los sectores populares el conflicto es sinónimo de derrota, y la derrota está asociada a la desaparición, la tortura y la muerte. Entonces, para evitar la muerte hay que evitar la derrota, y si esquivamos el conflicto, la derrota –como resultado lógico– se elude.

La 125 restableció un nivel de conflictividad desconocido desde 1983. Era la primera vez que un quantum de las ganancias extraordinarias pasaba por el cedazo de los impuestos. Pues bien, ese conflicto arrojó un vencedor nítido, y una sociedad obligada a recordar lo que motu proprio prefiere olvidar, comprobó una vez más que conflicto y derrota marchan de la mano. Entonces, sin pensarlo demasiado responsabilizó al Poder Ejecutivo.

En sus cabezas el gobierno intentó lo que no se puede, o en todo caso lo que este gobierno no puede, y al hacerlo puso en peligro condiciones de existencia trabajosamente conseguidas; el miedo cerril que volvieron a sentir, ante la amenaza campera y su contrapartida de indefensión urbana, se trocó en odio. Y de ese viscoso material se nutre desde entonces la dinámica política.

Nos vemos



Sobre textos de Alejandro Horowicz

26 de febrero de 2010

El problema del peronismo


por Claudio Chávez - [1]


"Al peronismo le ha ocurrido lo mismo que a la izquierda latinoamericana. Tiene dos miradas. Hay uno que sigue pensando en términos de la Guerra Fría y hay otro que afirma que el conflicto ha terminado y que este es otro mundo. Se podría decir que un abismo los separa. En todos los órdenes difieren. Veamos

El peronismo del 90’ decidió los indultos. Varias interpretaciones pueden hacerse, la pacificación, el cierre de las heridas como se afirmó por aquellos años. Sin embargo nada de esto podía alcanzarse si la Guerra Fría hubiera continuado. El triunfo de un bando sobre el otro, el triunfo del capitalismo sobre el comunismo transformaba en obsoleto la continuación del conflicto en este rincón del mundo.

Mandela en Sudáfrica hizo exactamente lo mismo que el peronismo en los 90’. Por estos días puede verse una excelente película dirigida por Clint Eastwood, Invictus altamente reveladora de estos hechos. En Polonia luego de la caída del comunismo Lech Walesa planteó la política de la línea gruesa, como él le gustaba decir. Trazar una línea que perdone para atrás porque como él manifestaba si se lanzaban acusaciones en un ambiente de revancha político-histórica hubiéramos tenido la guerra civil y no se habría logrado nada. La línea gruesa era imprescindible para continuar la transformación pacífica.

En definitiva el triunfo sobre las organizaciones armadas y la patria socialista en la Argentina anticipó el 89’ alemán y el triunfo de Walesa.

En términos culturales las miradas vuelven a diferir. Un sector del peronismo, exegetas de los pensadores “nacionales”, alertan sobre los riesgos de nuestra cultura ante el avance diabólico de la mundialización que es la cara moderna del neoimperialismo, el viejo imperialismo norteamericano remozado y actualizado. Hablan, entonces, de proteger nuestro cine, teatro, música, valores, costumbres en la creencia que nuestra inferioridad cultural no podrá sobreponerse a la potencia de los forasteros. Un destino signado por una historia de derrotas y fracasos. La vieja consigna de “Una cultura nacional y popular” es la mejor síntesis de esta sicología. Cuando, por el contrario, la realidad muestra a nuestro cine, telenovelas, guiones, artistas, libros, novelas, música como se imponen en el mundo y son valoradas en el corazón imperial. Exagerando ya no debemos cuidarnos nosotros, ahora ha llegado la hora de que se cuiden ellos. Esto piensa otro sector del peronismo y de la sociedad argentina.

En definitiva en tiempos de mundialización la cultura no se protege, se promueve.

En lo económico al igual que en lo cultural las diferencias pueden sintetizarse en el aislamiento y desconexión del mundo o en la integración a los mercados mundiales.

Esto implica al interior del país distintas alianzas sociales. El peronismo del aislamiento, del vivir con lo nuestro, de cortar, en la medida de lo posible, los vínculos con los organismos internacionales y que pregona un neokeynesianismo industrialista valorará fundamentalmente un mercado interno protegido y aislado del mundo. Un dólar alto de vinculación al mundo sólo en las exportaciones y cierre de nuestra economía al aporte tecnológico y de inversiones y un Estado interventor. En este caso la alianza social se hará con sectores industriales poco competitivos y amigos de un Estado protector y sectores obreros vinculados al modelo mercado internista. En definitiva poco amigos de la globalización económica. Esta mirada ha empujado a funcionarios del actual gobierno tanto como a intelectuales que lo sostienen a afirmaciones temerarias que chocan con el sentido común de la historia como por ejemplo que la crisis capitalista del 2008 es terminal y marca final de época porque comienza lo que ellos siempre han pregonado: el intervencionismo de estado. El Neokeynesianismo. Sin discriminar cuando una medida es, tan solo, una herramienta y cuando se transforma en cuerpo doctrinario. Choca también con el sentido común de marxistas serios como Hobsbawm.

El otro peronismo de apertura al mundo privilegiará los sectores económicos altamente competitivos en el mercado mundial: el campo y la cadena agroalimentaria, las industrias culturales, el turismo y los sectores obreros vinculados a esta economía con mayor dinámica.

En este intríngulis se halla la política argentina. Esta divisoria de aguas habla de la magnitud del conflicto político argentino."

Mientras tanto, despacio, con suavidad y criterios, se sigue el camino de reconstrucción iniciado en el 2003.

Nos vemos,


[1] De la serie de exposiciones del pensamiento del peronismo neoliberal que reivindica a Menem-Cavallo

25 de febrero de 2010

Que quedó de la vieja izquierda


Cuando el Presidente del Uruguay, José Mujica, convocó a un nutrido grupo de empresarios a una reunión en Punta del Este la sorpresa fue hacia ambos lados del arco político. Gratas para un sector, naturalmente amigable de la democracia, la libertad y el capitalismo, y supongo, aunque todavía no han hablado, poco amigables para el arco progresista y enemigos del capitalismo.

Lógicas reacciones cuando se escucha de boca de un ex guerrillero plantear las necesidades que tiene el Uruguay de recibir inversión extranjera capaz de generar riqueza y garantizarles, al mismo tiempo, a los empresarios que allí no serán expropiados. Desde el lugar que se lo mire la alocución de Mujica habla de una izquierda que nuestro país no conoce. Su discurso no fue de fractura y confrontación. Reivindicó a su patria porque todavía pueden caminar por las calles sin ser agredidos ex presidentes y funcionarios. Raro para una vertiente del pensamiento que hace de la lucha de clases y la violencia las parteras de la historia.

Frente a la irrupción de Mujica ya no quedan dudas que en América latina el progresismo está partido o dicho de otra manera tiene dos visiones de la realidad mundial. Por un lado un sector de izquierda que denominaré vieja izquierda aliados a un nacionalismo rancio y arcaico son proveedores de un discurso anti mundialización. Festejan todo aquello que interrumpa los flujos comerciales, financieros e industriales atacando a los organismos mundiales que pueden facilitar el libre funcionamiento de la economía mundial como la OMC, el FMI, la ronda de Doha, el Banco Mundial, etc. La crisis capitalista del 2008/09 la observan como un final de época y el renacer del intervencionismo estatal. Auguran un retorno al proteccionismo, que por otro lado desean. Con mercados nacionales autárquicos semejantes al de la década del 30’ -época en la cual forjaron su bagaje teórico- volverían a empezar. La pereza intelectual es la madre de los más grandes errores teóricos. Creen en valores como el antiimperialismo al que asocian con el anti norteamericanismo y la antiglobalización. Dan por cierta la revolución que se avecina. Estas visiones se han hecho fuertes en Venezuela, Ecuador, Nicaragua, Bolivia, Cuba y la Argentina. Son coincidentes con cierto nacionalismo de extrema derecha de Europa que ve con temor como las pequeñas y antiguas naciones del viejo continente se disuelven en la Unión.

Creen aún en la sustitución de importaciones alejada de las grandes corrientes del capitalismo internacional. Su imaginario se apoya en la consolidación de una nación como lo hizo en su momento Alemania o los EE.UU.: expansión del mercado interno recortado de la economía mundial. Friederich List y Karl Marx son sus autores favoritos o quienes mejor iluminan el derrotero a seguir.

La otra visión más moderna, podríamos denominarla nueva izquierda, asume como una realidad ineludible el proceso de globalización. No están en una postura antimundialización sino que pretenden aprovechar las oportunidades que brinda un capitalismo triunfante y al parecer arrollador. Para ellos ya no hay revolución. Ese ciclo está terminado. Aspiran a encontrar ventajas para su país y los sectores sociales más postergados de su patria en la economía mundial asumiendo riesgos y ventajas. Los más claros ejemplos son Chile y Brasil. Lula en el medio de la crisis mundial del año pasado alertó sobre la torpeza de caer en el viejo proteccionismo aislacionista de antaño preocupado por ciertos movimientos que observó en algunas naciones europeas. Es que la economía de su país creció aceptando la mundialización como una posibilidad cierta. Chile y China del mismo modo. Y ahora irrumpe Uruguay. Su punto de discusión con otras vertientes políticas pro-mundialización (denominadas incorrectamente de derecha) es su crítica al neoliberalismo al que acusan de ser la ideología de la globalización. Su antiliberalismo persigue el afán de construir un relato “popular” al servicio de los marginados del mundo dotando al movimiento global de un nuevo discurso.

¿Porque una izquierda piensa de una forma y la otra de manera distinta? ¿Qué las separa y cuando comenzó la diáspora? Evidentemente han procesado de manera diferente los acontecimientos de 1989, esto es aquellas jornadas que marcaron el triunfo del capitalismo por un lado y el final de la guerra fría por otro.

Una dirigente de izquierda uruguaya, casualmente, la mujer de Mujica, Lucía Topolansky, afirmaba el primero de diciembre del 2009 por radio Mitre:

“Por aquellos años (los 60’) la Unión Soviética iluminaba el horizonte de lo probable y todos creíamos en aquella posibilidad y mucho más frente al triunfo de la revolución cubana. Pero la caída de la Unión Soviética modificó todo. No es que la lucha por la justicia y la igualdad ya no tenga sentido. Lo tiene pero en el marco de las nuevas realidades.

Hay que entender que hemos perdido (lo repitió tres veces) y no hacía, solo, referencia a la derrota militar de los Tupamaros en el Uruguay sino a la derrota mundial del modelo alternativo al capitalismo. Con la caída de la Unión Soviética ha quedado un ganador y nosotros hemos perdido. La utopía hoy es el acuerdo.”

En síntesis una izquierda que todavía piensa con los esquemas de la Guerra Fría y otra que se ha actualizado.

por Claudio Chávez

24 de febrero de 2010

Ricardo Buryaile, presidente

El ruralista que en el 2008 llamó a disolver el Congreso será el titular de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados de la Nación, como fruto de la alianza legislativa que abarcó desde agrogarcas y macristas hasta sectores que se reivindican democráticos y progresistas.

Ricardo Buryaile se llama quien este martes será ungido titular de la comisión de Agricultura de Diputados. Llegó al Congreso que un año antes quería disolver como resultado de las elecciones del 28 de junio del año pasado, vía la boleta del Acuerdo Cívico y Social de la provincia de Formosa, en la que desarrolló su carrera de dirigente ruralista que lo llevó a la vicepresidencia de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA).

Fue desde ese cargo, y en pleno conflicto por la resolución 125, que Buryaile sostuvo que “si se ratifican las retenciones hay que disolver el Congreso”, transformándose en uno de los principales arietes del filoso embate de las entidades ruralistas ante el intento de acotar un poco las enormes ganancias del sector. Después pidió “disculpas” por “si alguien se sintió ofendido”. Meses más tarde fue elegido diputado nacional y asumió en diciembre pasado.

A poco de hurgar en los archivos, se pueden encontrar además cuestionamientos a Buryaile por sus manejos con sus trabajadores y sus modos de acumulación de tierras.

Ahora, el hombre presidirá la comisión de Agricultura de Diputados a partir del acuerdo marco al que llegaron diversos sectores de la oposición para el reparto de cargos en el ámbito legislativo. Así, votantes de Pino Solanas y del socialismo santafesino, por ejemplo, terminaron aportando, en la mayoría de los casos seguramente contra su voluntad, a la llegada de Buryaile a la presidencia de una comisión de un Congreso que un par de años antes quería disolver si no respondía a sus particulares expectativas.

Esta es apenas una de las tantísimas contradicciones de la política argentina. Las hay también, muchísimas, por el lado del oficialismo. La diferencia parece asomar en los efectos concretos de esas incoherencias, en los sentidos políticos que legitiman.

Nos vemos,


Fuente: Redacción Rosario


23 de febrero de 2010

Astuto como serpiente, sencillo como paloma

Qué tal si yo fuese un hombre embebido de conceptos, por ejemplo, aristotélicos? Dudaría hasta de escribir estas simple frase muy pragmática, por cierto, atinente con una realidad que presiona para poner la verdad en su lugar. Y si también fuese un adicto lector de Santo Tomás D'Aquino, menos todavía. Santo Tomás apoyó su estructura filosófica casi por entero en los fundamentos de Aristóteles. ¿O Leonardo Da Vinci que, como niño travieso, siempre buscaba nuevos límites?

Las sutilezas son invocar a Aristóteles, a Santo Tomás D'Aquino, a Leonardo Da Vinci, a Flaubert, a Nietzsche y muchos más para mejor desarrollar la línea argumental que el periodista y empresario editor Jorge Fontevecchia (JF) utiliza en sus escritos. De hecho sus textos editoriales están atestados con la presencia de grandes personajes de la literatura o de la filosofía que funcionan como moldes, parches para dar prestigio y vestir de verdad las ficciones que quiere expresar.

“La técnica” no carece de mérito. ¿Quién dudaría de la veracidad de una afirmación acompañada en el pensamiento que respalda un gran filósofo?

Lo aparente: honesto el relato, honesta la persona que lo hace. Pero…

¿Cómo está hecho un hombre que engaña de manera habitual? ¿Usted tuvo la (mala) suerte u oportunidad de encontrarse con uno de ellos alguna vez en su vida? Bien, mejor dicho mal, sucede que quien miente con convicción puede ser un hombre exitoso al que muchos de nosotros admiramos. O que se hace admirar por el valor de sus palabras escritas.

Francis Bacon decía que “el hombre vale tanto cuanto sabe”; Fontevecchia debe haber tomado al pie de la letra esta afirmación del noble filósofo ingles. Entonces hace uso de todas las informaciones que adquirió como parte de su bagaje cultural, poniendo en relieve los personajes ilustres de las artes o literatura, que utiliza como ejemplo para sustentar a los ojos de los lectores los mensajes engañosos de sus editoriales. O sea: utiliza un escenario, amplio, armado sobre el discurso del sentido común para asegurarse que la mentira será creíble. Un fraude para la cultura y la información. En ese sentido JF se presenta con la docilidad de un niño inocente, libre de culpas, provisto de sonrisas y tranquilidad (armas de la comunicación actual) que solo aspira, a través de sus escritos, insinuar un mundo diferente , sin nunca explicarlo por completo.

Pero ¿cómo sería este mundo diferente?

La astucia es en que nunca materializa una visión clara, excepto en cuidar un grupo de intereses propios y sólo obedece a teorías de posturas filosóficas hipotéticas. Insinúa, sugiere, expresa timoneando sus conceptos con el apoyo de un pensador u otro estudioso de prestigio. Esta actitud no parece casual. Nietzsche, uno de los filósofos más citados por él, habla también del niño inocente como imagen de superhombre, este niño (que es inocente) “cree en su propia moral, sigue sus propios valores”. Cree absolutamente en sí mismo, en su pureza –y extermina desde este pulpito a quien estima adversarios y enemigos.

La diferencia que el editor tiene con el filósofo alemán es que este último era sincero en sus postulados, y pagó con soledad y la perdida de importantes amistades a quienes confesó sus convicciones, mientras que JF es pagado por sus servicios al sistema para divulgar de la mejor manera posible, disfrazado de “periodismo puro” (lo que alguno ingenuos creen), los recados de los grupos de intereses de su círculo.

No se explican de otro modo sus perseverantes ataques al actual gobierno, y a anteriores administraciones, con brutal parcialidad de los contenidos periodísticos que por la misma razón pierden valor informativo, con textos hasta ofensivos, sin reconocer jamás los aciertos que tuvieron ésta u otras administraciones del pasado.

La verdad cruda y desnuda detrás de su actividad es que sus publicaciones funcionan como engranaje de un sistema muy grande, donde la tarea mayor es desinformar y deformar la realidad –siempre y a toda costa – para tener un mercado cautivo de público confuso que jamás sabrá dónde habita la verdad. En ese sentido, los otros medios de prensa con diferentes matices hacen lo mismo (Kafka).

En todo caso, un lector atento consigue descubrir la trampa de JF y colocar los suntuosos textos vestidos de falsas verdades y de prolija redacción en el lugar que merecen: lecturas para pasar un rato con cero de credibilidad.

También se puede imaginar cómo debe brillar de orgullo su “inteligencia superior”, al tomar conciencia de su poder y a solas reírse de algún modo cuando piensa en los pobres redactores “jefes” y “especiales” o directores que obedecen y creen ciegamente en un sistema periodístico genuino sin conseguir darse cuenta que en realidad están fabricando un muro de confusión funcional a intereses que ni piensan que existan. Y siguen atrapados por la reputación del cargo, a la necesidad de trabajar y a las ventajas que eso implica en lo económico, viajes, falso prestigio.

Nos vemos,


Fuente: Luigi Lovecchio

22 de febrero de 2010

Reconstrucción ganadera

Carnes argentinas y el lomo camino a los 80, fueron artículos donde aportamos elementos relacionados al tema de la carne. Mucho se ha dicho y escrito. Todos (la mayoría desde la oposición) coinciden en la deficiencia estructural del modelo ganadero argentino y un retroceso de larga data.

Desde diciembre del año pasado, el kilo vivo de novillo se incrementó casi 50 por ciento. Mientras que la presidenta Cristina Fernández sostuvo que esa suba se debía a la retención de hacienda practicada por los ganaderos, la dirigencia agropecuaria responsabilizó a las políticas gubernamentales. Según esa visión, la política de precios oficiales fue determinante para que la cantidad de cabezas de ganado se redujera en algo más de tres millones, entre 2008 y 2009, dejando el rodeo en 54,4 millones. Resulta peculiar atribuir esa merma a las políticas oficiales sin tomar en cuenta los efectos de la sequía de 2009, que provocó menores nacimientos, alta mortandad y el crecimiento de la faena en un 40 por ciento. Por otra parte, el estancamiento productivo ganadero excede largamente al gobierno de la administración kirchnerista.

La mayor liquidación de stock de la historia argentina se produjo durante un gobierno que gozó del pleno apoyo de la Sociedad Rural y las Confederaciones Rurales Argentinas. La liquidación de rodeos durante la última dictadura militar alcanzó niveles históricos. Así, el stock ganadero pasó de 61,1 a 47,1 millones de cabezas entre 1977 y 1988. Si bien el rodeo se recompuso durante los años posteriores, el promedio de la década del noventa fue de 51 millones; nunca llegó a los valores de 1977.

Hasta la dictadura militar, el uso del suelo pampeano estuvo determinado por la evolución de las rentabilidades relativas de la agricultura y la ganadería. Cuando mejoraban los precios de los cultivos se producía un incremento del área sembrada y una caída de la actividad ganadera, y viceversa. Pero esa lógica se rompió a partir de la instauración de un modelo económico centrado en la valorización financiera. En su trabajo “Acerca de la especialización agrícola y el surgimiento de los farmers locales a partir de la dictadura militar (1977-1994)”, Eduardo Basualdo y Nicolás Arceo sostienen que la reforma financiera de 1977 marcó un punto de inflexión en el sector agropecuario pampeano, ya que la evolución productiva pasó a definirse en función de tres rentabilidades distintas: la financiera, la agrícola y la ganadera.

Como la valorización financiera era más rentable que las opciones productivas, la mayor liquidación de ganado vacuno no fue acompañada por un incremento del área sembrada. Basualdo y Arceo explican que “a partir de la dictadura militar, el sector agropecuario pampeano se articuló plenamente, como siempre ocurrió, al nuevo patrón de acumulación de capital, privilegiando la valorización financiera en desmedro de la producción sectorial porque fuera del sector se encontraban las tasas de rentabilidad más elevadas de la economía nacional. De allí que la inédita liquidación ganadera fuera acompañada por una reducción del área sembrada durante 17 años, permaneciendo ociosas millones de hectáreas a pesar de que durante esos años se expandió la frontera agropecuaria”.

El retroceso ganadero viene de larga data. Pero las escasas iniciativas oficiales del actual gobierno (el programa “más terneros”, los incentivos para la producción de novillos pesados, entre otros) no produjeron los resultados deseados. La especialista Gabriela Martínez Dougnac sostiene que, en términos relativos, la ganadería argentina exhibe bajos rendimientos de kilogramos por hectárea, insuficientes índices de preñez y extracción y baja incorporación de prácticas de manejo más modernas (suplementar alimentación, diagnóstico de preñez, estacionamiento de servicios, inseminación artificial). Las políticas públicas deberían lograr que la aplicación de tecnologías tendientes a aumentar la productividad no se reduzca al universo de los ganaderos más poderosos. Martínez Dougnac precisó que “el problema de la carne no es sólo el de la oferta sino también el de cómo se forman los precios en la cadena, cómo impactan en el consumo las políticas de salarios bajos, cómo se mantiene el nivel de empleo, cómo se distribuye y redistribuye la renta del sector. Ninguno puede pasarse por alto pensando en las soluciones necesarias”

Nos vemos.


Soporte: CASH


21 de febrero de 2010

Globalización, indiferencia y miseria


Hoy leía en QLP esto "Que cada uno juegue su rol. En términos de bienestar, que yo sea un argentino preocupado por la pobreza, al pobre no le cambia nada la vida. Y la verdad es que está lleno de argentinos preocupados y las pobreza sigue empeorando. Por eso, creo que lo mejor que puede hacer uno es jugarla callado, laburar duro, pagar los impuestos y votar a los gobernantes que uno cree que le van a dar mejor uso de esos recursos para cumplir los objetivos que uno quiere que cumpla. Y de última, si te irrita ver un pobre por la calle, si pensás que el mundo no podría ser más injusto, podés empezar a hacer más sacrificios: con lo que gastás de celular mensualmente le llenás la panza a un nene de la calle, con lo que te gastás en un restó de Palermo Hollywood con tus amigos/as le das de comer a 10 pibitos, o lo que te gastás en peluquería, o en ropa (que ya tenés pero querés más), o en el partido de fútbol en la rana, o en alcohol de la noche porteña, etc. Todo esto, sin tocar el ahorro que uno que podría considerarlo un seguro de consumo básico futuro. Y sí, suena a "un pobre sin hambre=una comida menos en Palermo", el pobre/mercancía, pero lo que importa no es el concepto sino el bienestar".

¿Cuál es el punto del compromiso? ¿Cuál es el compromiso del neoliberalismo con la pobreza y marginalidad? La visión crítica del autor del texto que citamos ¿es un llamado a la reflexión o la exposición cruda "que se joroben los de abajo? Miremos alrededor.

Desde hace varios años, diversos economistas, politólogos y asesores de grandes empresas, calificados "gurúes", han elogiado de manera permanente a la globalización como un acontecimiento nuevo e inédito en el devenir del capitalismo, y han sostenido que es un proceso inexorable e ineluctable al cual es menester adoptar, sometiendo nuestra estructura social, económica y política para recibir los beneficios de ingresar en la abundancia y modernidad de un hipotético primer mundo.

Han afirmado además la imposibilidad de sustraerse a la adhesión a la tendencia a la globalización, a la cual atribuyen el impedimento de modificar las reglas de la política económica impuesta por el neoliberalismo en nuestro país, vigentes principalmente a partir del denominado "Consenso de Washington" (1989).

La globalización era, y es todavía, uno de los más grandes argumentos para llevar adelante una política económica cuyo objetivo cardinal es la concentración del patrimonio nacional en un pequeño número de grandes empresas altamente diversificadas, nacionales y extranjeras, mientras se ahonda la pauperización de grandes sectores de nuestra población.

Aquellos gurúes que realizan su labor como apologistas de la globalización, ocultan meticulosamente el costado negativo de la transnacionalización: el aumento de la pobreza.

Abundan datos que demuestran claramente las consecuencias de la aplicación de la política económica del ultraliberalismo: que la transnacionalización a ultranza conduce a la dualización de la sociedad asentada sobre la brutal concentración del ingreso, el desempleo, la pobreza, la fragmentación social y la pauperización de la mayor parte de la población. Las presiones del gasto competitivo y el consumo conspicuo hacen que la opulencia de algunos se convierta en la exclusión social de muchos.

En este mundo globalizado, transnacionalizado, asistimos también a un incremento inusitado de la corrupción, del narcotráfico, y a un auge del comercio legal e ilegal de armas, todo lo cual contribuye al clima de zozobra, intranquilidad y fragmentación, y a la existencia de una masa de centenares de miles de millones de dólares "en negro" que necesariamente fomentan aún más la corrupción existente.

¿Se puede ir más allá en Argentina? Es éste un problema que se resuelve en el plano de la política, y sobre todo en la capacidad que puedan tener los actores sociales subordinados por restablecer solidaridades perdidas y sostener al proyecto político nacional y popular nacido en 2003, e intentar fundar una nueva materialidad de la vida cotidiana para instalar otra agenda de discusión y pensar otras soluciones para otros beneficiarios. Hablamos de privilegiar la satisfacción de necesidades mayoritarias en contraposición al privilegio actual por satisfacer las demandas de riqueza, ganancia y poder de los capitales más concentrados. De no ser así, el ciclo continuará con más crisis y mayor concentración, es decir, con más ajuste y mayor regresividad de una reestructuración que sólo tiene límite en la resistencia social y política.

Nos vemos,


PD. "Hoy el verdadero poder es otra cosa. Es financiero y económico. Cada vez los gobiernos se convierten en simples delegados, agentes que cumplen los mandatos de sus superiores. Más que un gobierno por el pueblo y para el pueblo, nos enfrentamos a algo que podríamos llamar la fachada democrática. ¿Para que elegir dirigentes políticos sí los financistas tienen todo el poder?" José Saramago Diario Clarín, 29 de enero de 1999


Fuentes: Globalización, neoliberalismo y desigualdad: la experiencia Argentina CLACSO, Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales.


20 de febrero de 2010

Monopolios en Argentina


La dis­cu­sión so­bre la ley de me­dios y el mo­no­po­lio Cla­rín, y las re­cien­tes me­di­das del go­bier­no ar­gen­ti­no de im­pe­dir la exis­ten­cia de po­si­cio­nes mo­no­pó­li­cas vuel­ven a po­ner el pro­ble­ma de la con­cen­tra­ción de la eco­no­mía ar­gen­ti­na en el cen­tro del de­ba­te.

El im­pre­sio­nan­te pro­ce­so de con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca vi­vi­do en nues­tro país du­ran­te los años no­ven­ta pa­re­ce es­tar le­jos de re­ver­tir­se. El mis­mo avan­za tan­to por con­duc­tas le­ga­les co­mo ile­ga­les: cuan­do las gran­des em­pre­sas no com­pran a las más pe­que­ñas, las ha­cen que­brar a tra­vés de ma­nio­bras an­ti­com­pe­ti­ti­vas pa­ra que­dar­se con la por­ción de sus mer­ca­dos. El re­sul­ta­do es una es­truc­tu­ra eco­nó­mi­ca ca­rac­te­ri­za­da por mer­ca­dos fuer­te­men­te oli­go­po­li­za­dos y/o car­te­li­za­dos.

Los ni­ve­les de con­cen­tra­ción de la eco­no­mía ar­gen­ti­na son alar­man­tes, par­ti­cu­lar­men­te en lo que re­fie­re a los in­su­mos bá­si­cos (ce­men­to, pe­tro­quí­mi­ca, si­de­rur­gia y alu­mi­nio). El po­der de mer­ca­do de las em­pre­sas en es­tos sec­to­res im­pi­de el de­sa­rro­llo de las fir­mas que uti­li­zan es­tos in­su­mos pa­ra agre­gar­les va­lor.

El mer­ca­do del ce­men­to es con­tro­la­do por cua­tro em­pre­sas, y en­tre tres de ellas con­tro­lan el 96% de la pro­duc­ción: Lo­ma Ne­gra (49%), Ce­men­tos Mi­net­ti (32%) y Ce­men­tos Ave­lla­ne­da (163%). En el sec­tor pe­tro­quí­mi­co la pro­duc­ción de eti­le­no (uti­li­za­do en la ob­ten­ción de po­lí­me­ros co­mo el po­lie­ti­le­no) es­tá con­cen­tra­da en un 96% en una so­la fir­ma (PBB Po­li­sur), mien­tras que en la fa­bri­ca­ción de to­lue­no (uti­li­za­do en com­bus­ti­bles y co­mo sol­ven­te) exis­te una si­tua­ción duo­pó­li­ca en­tre Pe­tro­bras (56%) y Rep­sol (44%). Den­tro de la si­de­rur­gia la fa­bri­ca­ción de cha­pa la­mi­na­da en ca­lien­te es con­tro­la­da en un 84% por Si­de­rar, mien­tras que en la cha­pa la­mi­na­da en frío la em­pre­sa bra­si­le­ña con­tro­la el 99%. Fi­nal­men­te, te­ne­mos el ca­so ex­tre­mo del alu­mi­nio, don­de una so­la em­pre­sa (Aluar) con­tro­la la to­ta­li­dad del mer­ca­do.

Se tra­tan to­dos de in­su­mos uti­li­za­dos pa­ra fa­bri­car ca­si to­dos los bie­nes, por lo que los due­ños de es­tas po­cas com­pa­ñías son quie­nes de­ter­mi­nan el pre­cio y los ni­ve­les de abas­te­ci­mien­to exis­ten­tes en la Ar­gen­ti­na. Al­guien po­dría ar­gu­men­tar que se tra­ta de ac­ti­vi­da­des que por su na­tu­ra­le­za de­ben ser mo­no­pó­li­cas (u oli­go­pó­li­cas). En­ton­ces, tal co­mo lo se­ña­la­ra el di­pu­ta­do John Wi­lliam Coo­ke, si al­gu­na for­ma de pro­duc­ción o ex­plo­ta­ción de ser­vi­cios re­quie­re in­trín­se­ca­men­te el mo­no­po­lio, en­ton­ces de­be­rá ser el Es­ta­do quien los con­tro­le.

No ca­ben du­das de que la con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca es in­he­ren­te al fun­cio­na­mien­to del sis­te­ma ca­pi­ta­lis­ta. Pe­ro jus­ta­men­te es ahí en don­de de­be apa­re­cer el Es­ta­do en su rol de ar­ti­cu­la­dor de los in­te­re­ses del con­jun­to (o de la ma­yo­ría) de los ciu­da­da­nos de un país. Tam­bién es fre­cuen­te es­cu­char jus­ti­fi­ca­cio­nes pa­ra los mo­no­po­lios en los paí­ses de la pe­ri­fe­ria a par­tir de la ne­ce­si­dad de ge­ne­rar gran­des em­pre­sas de ca­pi­tal na­cio­nal que pue­dan com­pe­tir exi­to­sa­men­te en los mer­ca­dos in­ter­na­cio­na­les.

Pe­ro, ¿no de­be­ría an­tes con­so­li­dar­se un es­que­ma de eco­no­mía na­cio­nal ba­sa­do en la ex­pan­sión del mer­ca­do in­ter­no, don­de las ca­de­nas de va­lor de los pro­duc­tos que se con­su­men se en­cuen­tren in­te­gra­das? La in­ser­ción in­ter­na­cio­nal de­be­ría bus­car­se en una se­gun­da ins­tan­cia, una vez cu­bier­tos los re­que­ri­mien­tos del mer­ca­do lo­cal. El fo­men­to de en­cla­ves ex­por­ta­do­res no in­te­gra­dos a las ca­de­nas de va­lor do­més­ti­cas, le­jos de apor­tar al de­sa­rro­llo del país, es pro­ba­ble que re­sul­te en un au­men­to de las ta­sas de ga­nan­cias de las mul­ti­na­cio­na­les ex­por­ta­do­ras y el con­se­cuen­te in­cre­men­to en el dre­na­je de di­vi­sas ha­cia sus ca­sas ma­tri­ces.

Ade­más, el pro­ble­ma de la con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca se su­ma a otro de igual mag­ni­tud: el in­ce­san­te pro­ce­so de ex­tran­je­ri­za­ción de la eco­no­mía ar­gen­ti­na. Con más del 80% de la cú­pu­la em­pre­sa­rial en ma­nos trans­na­cio­na­les, el de­sin­te­rés por el mer­ca­do in­ter­no es cre­cien­te y los sa­la­rios le­jos de per­ci­bir­se co­mo de­man­da efec­ti­va no son más que cos­tos que de­ben re­du­cir­se pa­ra ga­nar en com­pe­ti­ti­vi­dad.

El re­sul­ta­do de la con­cen­tra­ción eco­nó­mi­ca es una enor­me trans­fe­ren­cia de in­gre­sos des­de los sec­to­res asa­la­ria­dos y py­mes ha­cia los gran­des gru­pos eco­nó­mi­cos, na­cio­na­les y trans­na­cio­na­les. Las em­pre­sas que de­ten­tan po­si­cio­nes do­mi­nan­tes in­cre­men­tan los pre­cios por en­ci­ma del pro­me­dio, dis­mi­nu­yen­do el po­der de com­pra de los tra­ba­ja­do­res. Un cla­ro ejem­plo es el del oli­go­po­lio de los su­per­mer­ca­dis­tas, don­de tres gru­pos (Ca­rre­four, Cen­co­sud y Co­to) con­tro­lan a la ma­yo­ría de sus pro­vee­do­res y fi­jan pre­cios in­cre­men­tan­do sus már­ge­nes de ga­nan­cia.

Nues­tro país cuen­ta con le­yes que re­gu­lan las com­pras o fu­sio­nes de em­pre­sa, así co­mo el abu­so de po­si­cio­nes do­mi­nan­tes. Re­sul­ta im­pres­cin­di­ble que és­tas se cum­plan, ha­cien­do más efec­ti­vo el ac­cio­nar del Es­ta­do en lo que re­fie­re a pre­ven­ción y san­ción de prác­ti­cas mo­no­pó­li­cas que tie­nen efec­tos ne­ga­ti­vos evi­den­tes, tan­to pa­ra los con­su­mi­do­res fi­na­les co­mo pa­ra los es­la­bo­nes más dé­bi­les de las ca­de­nas de va­lor.

Nos vemos,


Agustín Crivelli, BAE

19 de febrero de 2010

Malvinas argentinas, petróleo kelper


El magnífico estadista (para Gran Bretaña) Winston Churchill supo decir que un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema. Buena definición para sus propios connacionales, en la riña por hacer prevalecer sus intereses.

Un ejemplo paradigmático fue el miembro laborista del Parlamento Colin Phipps (1934-2009), amante de los Rolls-Royce y de los pisos en Kensington, un pretérito político que integró una de las misiones a las Islas en los cruciales mediados de los 70. Monotemático respecto del oro negro malvinense, promediando los 90 integró la empresa Desire Petroleum, con el propósito de explotar los recursos petroleros del Atlántico Sur, todo un ejemplo de consistencia y de inconsciente en estado explícito: “desire” en inglés, significa “deseo”.

Churchill, supremo decidor, también sentenció: “Esfuérzate por mantener las apariencias, que el mundo te abrirá crédito para todo lo demás”; no es precisamente lo que Inglaterra ha venido haciendo a propósito de las Islas Malvinas.

El biotecnólogo Federico Bernal, en un trabajo con fundamentos, sostiene que a partir de 1975 se verifica un claro punto de inflexión en la estrategia diplomática británica respecto de las Islas Malvinas, pasando de la ambigüedad a la intransigencia. El expediente consistió en incluir en la agenda la exploración y explotación de los recursos hidrocarburíferos, mineros y pesqueros del archipiélago, lo que repercutía directamente sobre los “deseos” y los “intereses” de los kelpers. Haber violado –entre otros instrumentos– la Resolución 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, que insta a ambas partes en disputa a negociar bilateralmente y a no introducir modificaciones mientras las Islas atraviesan el proceso de soberanía, descuidando las apariencias hasta el impudor, no hizo que la Rubia Albión siquiera se sonrojara.

En 1982, el año de la Guerra, trece informes científicos internacionales señalaban la importancia petrolífera de la cuenca sedimentaria de la que forman parte las Islas Malvinas, asegurando que la reserva de hidrocarburos de nuestras Islas multiplicaba por diez la del Mar Norte. La reacción de Margaret Thatcher no se debió, entonces, sólo a un desorden hormonal momentáneo causado por la osadía aborigen en un momento de debilidad política. Hacia 1993, estudios geológicos como los GravSat (búsqueda de anomalías gravitatorias regionales desde altímetros satelitales) y los del British Geological Survey relevaron la existencia de una zona de 200 mil kilómetros alrededor de las Islas con posibilidades reales de contener petróleo en cantidades comerciales.

El 27 de septiembre de 1995, se emitió la Declaración Conjunta argentino-británica de Cooperación sobre Actividades Costa Afuera en el Atlántico Sudoccidental, con la finalidad de establecer la cooperación bilateral en cuanto a la exploración y explotación de hidrocarburos. Se trató de un entendimiento provisorio bajo fórmula de soberanía. Apenas días después, los kelpers licitaron 19 áreas y concedieron 12 contratos, beneficiados por la seguridad jurídica que otorgaba el acuerdo. La Declaración… –concluida en plena época de la llamada “política de seducción” a los kelpers–, tras innumerables esfuerzos argentinos por evitar actos unilaterales británicos contrarios al mencionado instrumento, fue dada por terminada por parte del Gobierno el 27 de marzo de 2007.

Según los datos disponibles a la fecha, existen 12.950 millones de barriles de petróleo probables en las Islas Malvinas, lo que se convierte en reservas probadas (un 50% menos) de 6.475 millones de barriles; las reservas probadas del continente y la llamada Cuenca Austral suman 2.042 millones de barriles de petróleo. Estas aseguran la cobertura del consumo nacional por un lapso de 8,7 años. La suma entre las reservas probadas que están en la Argentina continental (no están en litigio) y las de las Islas extendería el actual horizonte de 8 a 27 años. Si la conservadora cifra de 6.475 millones de barriles se extendiera a 9.000 millones, como lo sugieren otros estudios, las Islas Malvinas se convertirían en la quinta potencia petrolera de América, luego de Venezuela, Estados Unidos, Brasil –sin incluir el incremento de reservas de 2009– y México. Un verdadero Golfo Pérsico austral. Los contratos firmados beneficiarán al gobierno isleño de facto con un 21% de impuestos corporativos, un 9% de regalías sobre el total extraído y un impuesto variable por arrendamiento del área de producción. Según afirma Federico Bernal, cuando a mediados de este año comience la explotación, y tomando como base la cifra menor de reservas probadas (6.475 millones de barriles), cerca de 3 mil kelpers tendrán una perspectiva económica de 34,5 millones de dólares cada uno, deviniendo según el periódico inglés The Guardian en una de las poblaciones más ricas del planeta.

El Gobierno argentino ha enviado, desde 1991, más de veinte notas de protesta al Reino Unido, más de diez a otros países que con su accionar referido a la exploración y explotación de hidrocarburos han contribuido a la prolongación de la ilegítima ocupación británica de parte de nuestro territorio, más de 200 notas de desaliento a aquellas empresas cuyas actividades se relacionan, directa o indirectamente, con dicho sector y más de 150 notas a las empresas radicadas en la Argentina continental, recordando la plena vigencia de la Resolución 407/2007, que fija sanciones para quienes mantengan una relación de beneficio con los involucrados en las actividades contrarias al derecho internacional antes mencionadas.

El secretario de Estado de Asuntos Exteriores británico David Miliband (de quien ya se ha ocupado esta columna), frente a los recientes reclamos argentinos, ha elegido la táctica del “siga, siga”, patentada por el árbitro Francisco Lamolina, bajando el nivel de una infracción que habría merecido expulsión y reclusión perpetua, con el pretexto de que la vida debe continuar. “Pienso que el Gobierno argentino tiene más áreas para cooperar con el Reino Unido que para disentir”, declaró últimamente.

Ese británico prototípico que fue Churchill dijo –también– que el precio de la grandeza es la responsabilidad. Se trata de un buen consejo. Que las Islas Malvinas recuperen su status pleno de argentinas depende de lo serios, astutos y perseverantes que seamos, así haya que esperar ardientemente cuatro, cuarenta o cuatrocientos años.

Nos vemos


Textos: Rafael Bielsa

18 de febrero de 2010

Grecia, con la espada en el ojo


A raíz de comentarios en la entrada anterior donde venimos tratando el tema griego, consideramos interesante aportar más elementos de valoración sobre las consecuencias trágicas de los ajustes. La situación griega de hoy, es el espejo que refleja la situación argentina del 2001; mirar con ojos críticos y generar reflexión sobre lo que vivimos seguramente nos hará valorar lo difícil que fue salir del infierno del 2003 y cuanto cuesta reconstruir el país.

Grecia está atrapada. Por un lado tiene a la Unión Europea mordiéndole los talones para que reduzca un déficit de décadas en apenas 30 días y por el otro están los trabajadores junto a la clase media griega que intentan resistir la condena de ser ellos los que paguen el pato.

La crisis griega se generó, ahora se sabe, hace ya 10 años cuando tenía que cumplir los criterios de convergencia para entrar en la Unión Monetaria Europea. Fue cuando aparecieron los cuervos de Wall Street y les ofrecieron a los responsables de los sucesivos gobiernos socialistas y conservadores "una contabilidad creativa". Un magnífico negocio para los grandes bancos de inversiones de Wall Street. Con una maniobra que ayudó a Atenas a reducir el déficit mediante la transferencia de pasivo a futuro, Goldman Sachs se ganó más de 300 millones de dólares en comisiones. La semana pasada quedó en claro que fue todo un engaño: cambiaron de lugar las deudas y las pusieron como ganancias a futuro. De esa manera, Grecia cumplía con las demandas de Maastricht para adoptar el euro y el déficit iba a explotar más adelante. Ahora.

Ayer, los ministros de Economía de la UE dieron un mes de plazo al gobierno de Giorgos Papandreu para presentar los primeros resultados positivos de su plan de ajuste. Y le anunció que una misión del FMI irá a Atenas a supervisar el proceso. Le pusieron la espada en el ojo. Si Papandreu quiere que Grecia permanezca en la zona euro y bajar el déficit del 12,75% del PBI hasta un 8,7% en un año, tendrá que lanzar a millones de griegos a la pobreza. No hay fórmula alternativa posible. Tal vez, la UE se conduele y, finalmente, entregue algunas ayudas adicionales. Pero para entonces o Grecia llegó a una reducción del déficit en tiempo récord o hay otro gobierno que trate de negociar en mejores condiciones la salida de la crisis.

Y acá aparece otra variable de la ecuación. Los que están imponiendo las duras sanciones contra Grecia, sus pares europeos, no están en mucho mejor situación. Alemania, la economía más fuerte, no creció en el último trimestre de 2009; Francia se destacó con un tibio crecimiento. Los 27 socios de la UE tuvieron un aumento general de la economía de apenas 0,1%. Y comienzan a aparecer evidencias de que los esquemas de la "contabilidad creativa" fueron asumidos por varios países y no sólo Grecia.

La crisis debería servir, entonces, para crear una corriente de opinión más fuerte que lleve a restringir el juego financiero por parte de los gobiernos y se impongan duras restricciones a las instituciones financieras que ya crearon la crisis del 2009 en Estados Unidos y siguen contagiando con su peste al mundo.

Nos vemos.


Fuente: La Razón

17 de febrero de 2010

El caso Grecia: luces de alarma

Habíamos tocado el tema del default en la eurozona en este post y decíamos con relación a Grecia, en una especie de descripción breve: Una especie de país marginal que la geografía había ubicado, por error, en Europa. Tenía golpes de Estado como Chile, inflación como Brasil, exportaba commodities como Venezuela, respetaba los derechos humanos como la Argentina del ’76, pero tenía una monarquía como Holanda. Los coroneles mandaron la familia real de Atenas a Londres, y todos entendieron: Grecia, como República Dominicana, pero sin negros.

Si el golpe de Estado en Honduras fue considerado por algunos un tema poco importante, no hemos visto las mismas reacciones frente a la crisis fiscal de Grecia, a la que se muestra como un ejemplo de lo que puede suceder si se aumenta desmesuradamente el gasto público y además se “maquillan” las cuentas fiscales para disimularlo. Sin entrar en una discusión sobre la mayor o menor relevancia de Honduras frente a Grecia, lo que se debe entender es que el punto no pasa por la cercanía de uno u otro caso con nuestra realidad, sino en lo que se está poniendo sobre la mesa con la difusión de la crisis helénica. Bajo preguntas acerca de si ¿entrará Grecia en cesación de pagos de su deuda soberana? o ¿habrá una nueva Argentina del 2002 en plena Eurozona?, las referencias a la crisis de ese país actúan como una advertencia para todo el mundo.

Esto también se ve en la prensa europea. La crisis griega, a la que se le suman cada vez con mayor insistencia España y Portugal, desplomando las bolsas de valores, y continuando una seguidilla en la que se incluye a Irlanda, Islandia y otras economías de Europa del Este, reactualiza y potencia el sempiterno discurso del ajuste fiscal que fue burlado en forma sistemática durante décadas por casi todas las economías desarrolladas.

Pero la coyuntura mundial ha cambiado súbitamente. Los ya crónicos rojos fiscales en los países ricos se han visto potenciados hasta niveles impensables hace un par de años. Las respuestas a la reciente crisis internacional y los enormes salvatajes organizados para preservar la existencia de muchos de los mayores actores del sistema financiero, han magnificado los ya habituales niveles de déficit público encendiendo enormes luces de alarma: ¿Es posible seguir refinanciando sine die esos crecientes niveles de deuda engordados por el elevado gasto público?

Como ya anunciaban muchos oráculos económicos, si la respuesta es negativa, las perspectivas de ajustes se vuelven cada vez más próximas temporalmente ante el súbito agravamiento del cuadro, y ello aumenta la necesidad de instalar el tema en la agenda política, como lo permite la referencia creciente a la crisis griega. Pues los grandes ajustes que podrían contrarrestar la magnitud de los déficit y el muy fuerte aumento de las deudas públicas, plantean un escenario político de extrema complejidad: con pocos gobiernos dispuestos a aumentar impuestos resta el camino de la reducción del gasto público, incluido el de la seguridad social, que ha logrado durante décadas acotar el problema de la pobreza en los países desarrollados.

Por ello el retorno en fuerza del discurso del ajuste amenaza todo el pacto social que ha estado en la base de la convivencia entre el capitalismo y la democracia en los países desarrollados, y parece prenunciar una nueva etapa de este modo de producción globalizado. La única forma de llevar adelante ese ajuste con gobiernos surgidos de elecciones es instalando en esas sociedades la aceptación de “los sacrificios” que originarán la reducción de sus niveles de gasto público con el consiguiente deterioro de los sistemas de educación, de salud, de sus modernas infraestructuras. Y también el crecimiento del número de pobres a niveles que se creían definitivamente superados, lo que debería suceder en medio de una severa crisis de desempleo, momentáneamente amparada por subsidios masivos.

La experiencia latinoamericana muestra que, incluso con sistemas sociales mucho menos desarrollados, el proceso de deconstrucción de los mismos fue posible luego de severas convulsiones sociales, sean golpes de Estado o procesos inflacionarios o hiperinflacionarios. ¿Es esperable esto en los países ricos? Eso es lo que está en discusión hoy como resultado de la crisis en la que se salvó a bancos y aseguradoras en forma masiva. Determinar quién paga ese ajuste que se vuelve inevitable si se cierra el círculo virtuoso de la refinanciación constante de las deudas públicas, como parece mostrar el aumento del spread que asume la deuda emitida por Atenas frente a la alemana.

No casualmente en la primera línea de fuego aparecen los países gobernados por partidos autoproclamados socialistas, pero no Italia, con números fiscales igual de catastróficos, pero ya enrolada por lo menos discursivamente en la búsqueda del ajuste fiscal, junto a Alemania, Francia o los Estados Unidos. Lo que parece claro es que se requiere que el ajuste suceda en todos los países desarrollados en la misma medida. Que no se presente como una decisión de un gobierno, sino como un imperativo, una realidad evidente que trasciende, como lo hizo en América latina hace ya casi dos décadas, voluntades locales. Por ello la crisis griega, y si no es suficiente advertencia existe el riesgo de que se extienda a otras economías más grandes como la española, es tan relevante. Allí se discute hoy la supervivencia del Estado social en el mundo desarrollado y las formas de una eventual salida del mismo.

Nos vemos


Fuente: Eleconomista.es, Página12, CASH (Martín Unzue)

16 de febrero de 2010

El lomo, camino a los 80


Durante los últimos años, el Gobierno optó por garantizar una oferta de carne a precios populares. La consecuencia fue un aumento del consumo y una caída del stock de cabezas, porque los productores se volcaron a la soja, que les daba más rentabilidad. Para revertir esa situación se intentó combinar el control de precios con subsidios a la producción, pero allí estuvo el talón de Aquiles de la política oficial. Los productores afirman que los subsidios nunca llegaron, pues el Gobierno prefirió negociar con la industria antes que con ellos. La consecuencia fue una mayor caída del stock que ahora se quiere revertir dejando que la cotización del ganado mejore. Los productores son los principales beneficiados en este nuevo contexto, aunque sus dirigentes se desentiendan y digan que no tienen nada que ver con la suba del precio de la carne.

Lo cier­to es que el pre­si­den­te de FAA anun­ció un trac­to­ra­zo en la lo­ca­li­dad de Cha­bás, en el sur san­ta­fe­si­no, pa­ra hoy mar­tes 16 y un blo­queo pa­ra el vier­nes 26 fren­te al puer­to bo­nae­ren­se de Que­quén, jun­to a la ciu­dad bal­nea­ria de Ne­co­chea.

Des­de la co­mu­na de Cha­bás anun­cia­ron que acom­pa­ña­rán las ma­ni­fes­ta­cio­nes man­te­nien­do la in­ten­den­cia ce­rra­da y pi­dien­do a los co­mer­cian­tes y a los ban­cos que tam­bién lo ha­gan con el cie­rre de los lo­ca­les. Pa­ra el in­ten­den­te Os­val­do Sa­lo­món “los pro­duc­to­res ter­mi­na­rán mal­ven­dien­do sus cam­pos”. Se­ría in­te­re­san­te re­cor­dar es­te mal au­gu­rio, co­mo tan­tos otros lan­za­dos con la im­pu­ni­dad de la des­me­mo­ria, y pa­sar­le la fac­tu­ra cuan­do nin­gu­no de es­tos pro­duc­to­res ven­da mal sus cam­pos, cas­ti­gán­do­lo con los vo­tos “no po­si­ti­vos” que tan­to apre­cian po­lí­ti­cos y ru­ra­lis­tas de opo­si­ción.

Lo que es di­fí­cil de en­ten­der es la ló­gi­ca que sub­ya­ce de­trás de es­tos di­ri­gen­tes. La car­ne au­men­tó y es­to es un he­cho ob­je­ti­vo que na­die pue­de ne­gar. Es­te au­men­to se dio en el ga­na­do en pie, que se tras­la­dó a los fri­go­rí­fi­cos, lue­go al gan­cho en las car­ni­ce­rías y su­per­mer­ca­dos y fi­nal­men­te al mos­tra­dor o gón­do­las. Cual­quie­ra pue­de dar­se cuen­ta de que el pri­mer dam­ni­fi­ca­do es el más dé­bil de la ca­de­na, que no es pre­ci­sa­men­te el pro­duc­tor, co­mo pre­ten­den ha­cer creer los di­ri­gen­tes ru­ra­lis­tas con los gran­des me­dios co­mo cóm­pli­ces, si no el con­su­mi­dor.

Ob­via­men­te, el pri­mer be­ne­fi­cia­do es quien has­ta ayer se que­ja­ba de que la ga­na­de­ría no era ren­ta­ble, y que hoy tie­ne un in­cre­men­to formidable.

Nos vemos



PD: Los precios fueron recolectados en una de las cadenas de supermercados más grandes de Buenos Aires por el Billon Prices Proyect, un proyecto académico en las universidades de Harvard y MIT, según indica la fuente del cuadro, quien de paso deja este bocadillo: "El otro dato importante es la falta de stock en productos que el mes pasado estaban bajo un "acuerdo de precios" con el gobierno. El resultado no es sorprendente desde el punto de vista económico, ya que como se explica en cualquier curso de economía básica, los controles de precios (o "precios máximos") crean un exceso de demanda y eventualmente un desabastecimiento."


Fuentes: inflacionverdadera.com, Página 12, BAE


15 de febrero de 2010

Una amenaza delicada

Portugal, Irlanda, Grecia y España, los irritantes PIGS (por sus siglas en inglés) de la jerga financiera, materializan la posibilidad de otro default. Una amenaza delicada. Es que la maldita palabreja pone a un país, a una región, fuera del juego; y si algo enseñó la caída de Lehman Brothers es que no sostener un banco centenario, de gran porte financiero, sirve para expandir la crisis. Más aún, no pocos piensan que lo dejaron caer para golpear el mercado de Londres, y trasladar así la crisis a Europa, para que el Viejo Continente no quedara al margen, para incluirlos entre los perdedores, ya que los Estados Unidos iban a pagar por rescatar su sistema financiero con la parte más débil de su andamiaje productivo. El famoso ajuste –tan recomendado para los países de la periferia– iba a practicarse sobre la osamenta social del capitalismo desarrollado. Ese que, según la teoría neoconservadora, siempre estaría a salvo. Pues bien, sucedió y sigue sucediendo. Nadie está a salvo, y ahora toca a los PIGS.

Entonces, Europa debe enfrentar el default. ¿Pero cómo llegó hasta ahí? Grecia –que no en vano ingresó en la cola del pelotón del Mercado Común Europeo– siempre fue considerado una suerte de anomalía histórica. Una especie de país marginal que la geografía había ubicado, por error, en Europa. Tenía golpes de Estado como Chile, inflación como Brasil, exportaba commodities como Venezuela, respetaba los derechos humanos como la Argentina del ’76, pero tenía una monarquía como Holanda. Los coroneles mandaron la familia real de Atenas a Londres, y todos entendieron: Grecia, como República Dominicana, pero sin negros.

Nada demasiado distinto ocurrió en Portugal –que también se reinsertó en Europa, de la mano de una partera militar tras una larguísima y anacrónica dictadura– y la España de Franco –que parecía la mejor armadita–, mostró la hilacha y el rey, a la vieja usanza, puso las cosas en su lugar; al menos hasta ahora. Irlanda es otra cosa, y nadie pretende saber a ciencia cierta de qué se trata. Sólo cavando hondo en la historia de ese archipiélago se entiende: Marx estudió la cuestión colonial en Irlanda: una colonia británica que fabricó millones de pobrísimos migrantes hacia los Estados Unidos.

Si a la potencia Europea –Gran Bretaña– hace décadas que le va horrible, no es nada fácil que a Irlanda –pese al milagro del acuerdo con el IRA– le vaya mucho mejor. Entonces, estos cuatro son países extremadamente dependientes, con una base arcaica remozada, y basta que el chorro del mercado mundial no riegue con suficiente fuerza, para que todo tiemble.

Ahora España; a su infartante tasa de desempleo suma evidentes rajaduras en su sistema financiero. El riesgo de default de la deuda pública ha rozado sus máximos históricos. Es que los seguros contra impagos crediticios (Credit Default Swap o CDS) tocaron los 182 puntos en la Bolsa madrileña, y la luz roja se encendió en todos los despachos gubernamentales de la Unión Europea. El CDS de los títulos soberanos españoles, con vencimiento a cinco años, fue arrastrado por el deterioro de la confianza en la evolución de la deuda de Grecia y Portugal, cuyos CDS también registran niveles llamativamente altos.

La debilidad de la economía europea comienza a ser notoria. Altos déficits públicos, récord en materia de desocupación laboral, incapacidad de generar nuevos empleos y una deuda soberana (Grecia, Portugal, España y también Irlanda) que se ha trasladado a la cotización del euro. Conviene destacar que la moneda de la UE ha marcado su nivel más bajo en ocho meses y medio contra el dólar: 1,3670 unidades. Y ésa es la mala nueva: la crisis es europea y no sólo española.

Pero, ¿es tan mala para Alemania? Avancemos. En paralelo y consecuentemente, las Bolsas europeas han vuelto a operar en rojo. La sangría dominó Wall Street, donde el Dow Jones en una rueda anotó una caída del 2,6%, para recuperarse más luego; es decir, el mayor descenso en el 2010, en un ambiente de inquietud acerca de la recuperación norteamericana habida cuenta de que el valor de la propiedad volvió a caer. Por cierto, las Bolsas sobreactúan: el Santander, primer banco español, presentó unos resultados notables en su balance, pero se vio arrastrado por la corriente negativa, con un retroceso ese día del 9,4 en la cotización de sus acciones. Caída que no se registraba desde la pesadilla de Lehman Brothers. El FMI habla de una crisis española “muy fuerte”, que exigirá “un esfuerzo considerable”, según su director gerente, Dominique Strauss-Kahn.

Pero los ataques llegan incluso desde adentro: la Comisión Europea equiparó los problemas de España con los de Grecia –el Ejecutivo heleno no ha dejado de repetir que España y Portugal iban a seguir los pasos de Grecia–, y los mercados no tardaron ni 24 horas en tomarse al pie de la letra las palabras de Joaquín Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la CE.

Los hechos son incontestables: Santander lideró las pérdidas en Europa, seguido de cerca por ING y el otro gran banco español, BBVA: el Tesoro adjudicó más de 2.500 millones de euros en bonos a tres años y se vio obligado a elevar la rentabilidad más de medio punto respecto de la subasta anterior. Así se entiende que los inversores internacionales salieron en masa de la Bolsa española. La caída supone una desinversión de 22.400 millones de euros. Entonces, o la cumbre de Bruselas hace algo más que una declaración genérica donde regañe a Grecia sin nombrarla, o el programa alemán supone el debilitamiento del euro frente al dólar. Si así fuera, la crisis global recobraría su potencia devastadora, y la suerte de la Unión Europea se transformaría en una incógnita a despejar.

Alejandro Horowicz.
Sociólogo

14 de febrero de 2010

A Enero, cuatro meses sin salida de capitales

Pese al conflicto que desató la creación del "Fondo del Bicentenario", el mismo no generó un incremento importante en la salida de capitales privados, que se mantiene en niveles cercanos a cero desde el mes de Octubre de 2009, luego de promediar u$s 1.800 millones mensuales por poco más de dos años consecutivos.


En efecto, ello se desprende no sólo recordando que el cuarto trimestre de 2009 fue el primer trimestre sin salida de capitales desde marzo de 2007, sino también de la magnitud de intervención en el mercado cambiario por el BCRA en el primer mes del año, que acumuló compras por un total de u$s 922 millones.

En particular, la última semana del mes de Enero el BCRA compró u$s 163 millones, levemente por debajo al ritmo de compras de las 3 semanas previas, cercano a los u$s 253 millones semanales. Pese a la leve baja en el ritmo de compras la última semana del mes, lo acumulado por el BCRA sería similar al saldo comercial que estimamos para el primer mes del año (cercano a los u$s 1.000 millones), lo que implica que el BCRA compró casi todo el superávit comercial del periodo.

El saldo comercial es el principal "colchón" macroeconómico, que evitó que el BCRA pierda reservas ante la incesante salida de capitales privados que sumó más de u$s 46.000 millones entre 2007 y 2009. Dicho de otra manera, el saldo comercial había pasado de financiar el crecimiento económico a financiar la salida de capitales, por lo menos hasta octubre último.

Desde entonces, el mejor contexto internacional, sumado a la expectativa de una buena cosecha y de inminente renegociación de la deuda pública, fueron los principales factores que permitieron revertir las expectativas para 2010 y consecuentemente frenar la sostenida salida de capitales privados. Ello pese a la desaparición del superávit fiscal en 2009, el otro pilar macroeconómico de la post convertibilidad.

Hasta ahora, el conflicto que se desató tras la creación del "Fondo del Bicentenario" si bien incrementó la incertidumbre, no derivó en un incremento de la salida de capitales, posiblemente porque hasta ahora no frustró el inminente canje de la deuda pública en default (aunque si ya lo demoró).

Dicho de otra manera, los operadores están más expectantes al futuro del Canje de la deuda, que al futuro del "Fondo del Bicentenario".

Nos vemos,


Fuente: Econométrica


13 de febrero de 2010

¿El también? ¡Yo también!

Rafael Bielsa, ex canciller y ex candidato, dice a LaCapital desde su estudio de abogacía en Buenos Aires que volverá a probarse la prenda de militante en el territorio en el que sacó cerca de 700 mil votos en 2007, que lo dejaron casi 10 puntos abajo de Hermes Binner.

Ya empezó a hablar y a reunirse. El miércoles almorzó con Eduardo Buzzi, presidente de Federación Agraria, y Pedro Peretti, uno de los directores. "No mezclemos las cosas", dice. "Tengo buena relación con ambos, lo había escuchado a Buzzi por radio con Chiche Gelblung y quise que me cuente lo del precio de la carne, la leche y cómo está la provincia".

Bueno, ¿volverá al ruedo?

—Observo una pésima gestión del socialismo. Tal cual lo dije en la campaña, lo que se ve es pirotecnia verbal y carencia de actitud. Me duele mi provincia, podría constituir otro modelo productivo, institucional y comercial. En un mundo donde el conocimiento se multiplica, perder dos años es como perder una década 20 años atrás. Se recuerda a los años 80 como la década pérdida, pues bien, veo que Santa Fe está perdiendo estos años preciosos. Sí, voy a participar del debate interno del peronismo, es una decisión tomada, pero no digo que voy a ser candidato.

¿Cómo va a desplegar el trabajo?

—Caminando por la provincia. Siempre preferí medir en lugar de opinar: 700 mil santafesinos votaron aquella propuesta, un programa enlazado más con las ideas que con los rencores. El tiempo nos dio la razón, lo que se ve es muy pobre, por tanto, a trabajar de nuevo, recoger información, hablar con la gente y con los referentes del peronismo.

¿Usted será un hombre del kirchnerismo?

—No. No voy a negar que fui canciller del proyecto de Néstor y Cristina Kirchner, y la sociedad se pronunciará si simpatiza con la honestidad intelectual o con el oportunismo. Estoy harto de ver a peronistas y no peronistas que se van de la Casa Rosada y cuando llegan a sus provincias hablan como si jamás la hubiesen pisado.

Su decisión es un mensaje a Carlos Reutemann y Jorge Obeid, no lo negará.

—Me gustaría de todo corazón buscar alternativas de coincidencia con todos los actores del PJ, no de confrontación. En los kilómetros que recorreré hablaré con ambos y con otros referentes como Ricardo Spinozzi, titular del partido, Agustín Rossi y tantos otros, para armar una fuerza homogenea, unida, cargada de futuro y descargada de rencores, y que hable de cosas concretas y privilegie la unidad.

¿Qué le parecen estos ataques entre el Lole y el gobierno nacional?

—Quien dice cosas que no van a ser escuchadas con agrado tiene que estar preparado para oír otras que no quiere. Me parece que estas reyertas... Mire, una mañana que lo fui a ver a Reutemann lo encontré con dos laptops encendidas en su casa, en una aparecía el Corriere della Sera y en otra Le Monde. "¿Qué estás haciendo?", digo. "Leyendo los diarios; El Litoral sale a la tarde". El Lole es un hombre de mundo y esa dosis de universalismo no puede cenar con un exhabruto. No es la mejor versión de él. Prefiero la versión del hombre que sabe leer al mundo y a Santa Fe.

¿Un gobierno suyo hubiera resultado mejor?

—El socialismo se maneja muy bien en la transmisión de verdades a medias, que son medias mentiras, a través de la prensa. Pero detrás de cada noticia vienen los posts (comentarios) y ahí se ve que la gente está muy crítica, transitando una etapa de desilusión previa al hartazgo que va a venir. Binner es un agnóstico de lo productivo, no lo entiende, y cuando habla uno agradece sus silencios. Título de LaCapital, fines de 2008: "Binner: el peronismo no me deja gobernar" protestando por la mayoría en el Senado. Señor, esa es la democracia, en todo caso encárguese de ensanchar la base de consenso. El socialismo, hoy, es una tormenta perfecta.

Nos vemos,


Fuente: Reportaje de La Capital

12 de febrero de 2010

Lecciones que la clase media no aprendió

Los comerciantes conocen el secreto: la adolescencia contiene casi todo el target “aspiracional hacia arriba y hacia abajo”: los chicos y chicas de 9 a 12 años quieren ser adolescentes, lo mismo sucede con los de 30, más allá de su sexo, y los que tienen más edad de ningún modo aceptan que se note.

En materia de distribución del ingreso y pertenencia a clases sociales ocurre otro tanto: todos quieren ser de clase media. Al menos así piensan los economistas del Centro de Estudios Distributivos Laborales y Sociales (Cedlas) de la Universidad Nacional de La Plata. La tesis, más sociológica que económica, permite ver que la “clase media” funciona como proyecto tanto para pobres como para ricos. A ese club todos creen/quieren pertenecer.

“Un 50 por ciento de la población piensa que se ubica en los dos deciles –20 por ciento– del segmento medio, y eso es matemáticamente imposible”, explica Guillermo Cruces, economista de la UNLP. El efecto observado resulta asimétrico, ya que son más los ricos que creen pertenecer al club, que los pobres que pueden acceder a él.

Pero: ¿cuál es la magia de la clase media?

Victoria Ocampo sostuvo alguna vez: “Tengo casi todo lo que se puede tener”. Si alguien le hubiera preguntado a qué clase social pertenecía, seguramente no hubiera dicho the middle class. Para Marx ésta era la clase que no es burguesa ni proletaria, la que oscila entre el yunque y el martillo. Ocampo fue absolutamente consciente de su lugar, y por tanto de las obligaciones que “naturalmente” le correspondían, ya que la historia argentina era un asunto de su familia. José Alfredo Martínez de Hoz, otro integrante nato del mismo club, me explicó –en su despacho del quinto piso del Ministerio de Economía–: ser ministro para mí es “una obligación”; obligación que surgía de los privilegios sociales que había usufructuado. “A grandes ventajas, grandes obligaciones”, sostuvo. Hablaba en serio.

Pues bien, las virtudes de la dictadura burguesa terrorista y de sus beneficiarios sociales y políticos han quedado atrás; hoy nadie quiere hacerse cargo de responsabilidad alguna, sólo se trata de vivir en un país barato, tranquilo y eficiente. Cuando se observa el temario del debate que atraviesa a la sociedad argentina, todo queda claro: no se trata de una discusión sobre el nuevo perfil industrial ni de las dificultades para integrar política y económicamente Sudamérica, ni siquiera la cuestión ambiental; por eso el rabino Bergman y Abel Posse dan el tono; un tono que remite a los argumentos explícitos de Luciano Benjamín Menéndez. Y todo lo demás es historia.

Una conocida que dispone de varios millones de dólares y vive en una preciosa casa en Nordelta proclamó suelta de cuerpo: “La clase media tiene que defenderse”, dando por sentado que ella pertenecía a tan primoroso club. Debemos admitir que dice la verdad de sus aspiraciones. En todo caso, el temario del country –seguridad, policía, delincuentes y libre circulación por las rutas argentinas– la incluye, y contiene todas las aspiraciones de la hegemónica “clase media”. ¿Y las otras? No existen, en todo caso hay que reconstruirlas.

Mientras la sociedad argentina tuvo una clase dominante que actuaba como dirigente las demás discurseaban proyectos más o menos “propios”. No bien el único programa se redujo a vivir en paz, a que nadie te joda, a poder disfrutar de lo obtenido y sacarle el mejor provecho posible, un horizonte genocida se abrió para la sociedad argentina. En ese horizonte todos los que constituyen alguna clase de obstáculo –los pobres, los inmigrantes, los sometidos a condiciones de marginalidad, los que dependen de la acción del Estado, los minusválidos, etcétera– son sospechosos de integrar la vasta conjura que impide a la gente respetable dedicarse a nada. Esto es, que nada tenga que importarte salvo hacerse las lolas, o cambiar una esposa de 45 por una más tilinga de 22, mientras todos tratan de seguir siendo indefinidamente adolescentes.

El 2001 mitigó durante una fracción de segundo histórico esta paupérrima perspectiva que el menemismo terminó de instalar con tanto éxito; pero no bien el 3 a 1 se estabilizó, cuando el viento de cola del mercado mundial volvió a mostrar que Dios era argentino con buenos precios agrarios internacionales, cada cual volvió a sus asuntos, esperando que el gobierno se hiciera cargo de todo lo demás. Con la reaparición del conflicto social –la 125 trajo a la superficie los sedimentos más miserables y constitutivos de una sociedad que no repensó nada– los temores revivieron, movilizados por el nuevo horizonte de crisis; todas las pústulas de la sociedad argentina se recobraron; y una vez más quedó claro que los responsables de la dictadura terrorista no eran sólo tres comandantes militares sino la compacta mayoría que –implícita o explícitamente– militó bajo las banderas del “por algo será”.

Ahora se entiende: la sociedad argentina se observa a sí misma desde la perspectiva de la clase media adolescente, porque de ese modo no es responsable de nada; y si no es responsable otro tendrá que hacer lo que haya que hacer, para que comprar Chanel Nº 5 en el duty free shop deje de ser un engorro. Y ese otro se parece peligrosamente al Fino Palacios.

Nos vemos


Fuente: BAE

11 de febrero de 2010

Petróleo en Malvinas: política de entrega

Ahora que la decisión unilateral de británicos y kelpers de apropiarse del petróleo en Malvinas es más evidente que nunca, nada más apropiado que recordar las causas que –una vez concluida la guerra– contribuyeron a plasmar esta nueva aventura pirata en el siglo XXI.


Durante el gobierno de Carlos Menem el tratamiento multilateral de la cuestión Malvinas pasó de segundo plano al más completo abandono. La política de Estado –si así merece llamarse– en relación con las islas propició desde un comienzo dos tipos de acercamiento diplomático, ambos de carácter bilateral, entre nuestro país y Gran Bretaña.

Con la inestimable colaboración del gobierno argentino, se aceptó justamente lo que el primero había intentado hacer desde la sanción de la resolución 2.065 de las Naciones Unidas (1965): frenar definitivamente el persistente y legítimo reclamo nacional. El primer tipo de acercamiento –tibiamente iniciado con Dante Caputo– funcionó bajo la fórmula del “paraguas de soberanía”. El tratamiento que dicha política daba a la disputa significó una postergación del reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas (se fundamentaba en los Acuerdos de Madrid de 1989 y 1990), sin alterar por ello la normal discusión de los aspectos relacionados con la explotación de recursos ictícolas e hidrocarburíferos, entre otros.

El segundo acercamiento, aun más perjudicial que el primero por cimentarse en las negociaciones bilaterales con los isleños (kelpers), se puso en práctica mediante la denominada “estrategia de seducción”. Efectivamente, el gravísimo “error” oculto en la “estrategia de seducción” que el ex canciller Guido Di Tella condujo a partir de 1992 y de forma excepcional, consistió en considerar los “deseos” de los isleños y tratarlos como la tercera parte en las negociaciones, violando expresamente la resolución 2.065.

No obstante los esfuerzos de “seducción” argentinos, la población de las islas no sólo ratificó sus vínculos culturales con Gran Bretaña, sino que se pronunció a favor de la soberanía británica, a la vez que formuló severas críticas al sistema político argentino.

Entre las funestas consecuencias de la “estrategia de la seducción” figuran la firma del Acuerdo de Pesca de Calamar (la Argentina se autolimitaba a pescar este crustáceo pues en ese momento se trataba del principal recurso de los kelpers) y la firma del Acuerdo sobre Petróleo de 1995, en el que, como se verá más adelante, se definía un área especial de cooperación para la exploración y explotación conjunta de petróleo entre ambos países. Con la firma de estos acuerdos, el gobierno argentino legitimó el “interés” y los “deseos” de los isleños. Las puertas a los recursos naturales del archipiélago se abrieron de par en par. Y los habitantes de la colonia se lanzaron con y por todo.

La primera reunión bilateral que contó con los kelpers se llevó a cabo tan temprano como en julio de 1992. Al finalizar, el ministro Robin Cook y, en presencia de su colega argentino, dio detalles sobre los participantes de la reunión y el nuevo miembro: “El gobierno de la Argentina, el del Reino Unido y el Consejo de las Islas Falkland”. Por su parte, el presidente de este consejo, Richard Cockwell, afirmó: “Al cabo de 160 años, la Argentina, gracias al acuerdo, reconoció por fin al gobierno de las Falkland islands”, agregando luego: “Al reconocer al gobierno de un país (sic), básicamente se reconoce su derecho a la autodeterminación”.

La humillación continuó por boca del consejero Mike Summers, quien por entonces mantenía fluidos contactos con Di Tella: “Hemos concedido de nuevo acceso a ciudadanos argentinos por vez primera en diecisiete años, con pasaportes que sellamos; un reconocimiento adicional de nuestro gobierno”.

A propósito, la consejera Jan Cheek y funcionaria del gobierno kelper, señaló: “A cada argentino que entrará a nuestro país como resultado del acuerdo se le sellará el pasaporte para demostrar que somos un país separado”. Para que no queden dudas del “país” Malvinas, el ministro Cook remató: “Los poseedores de pasaportes argentinos tendrán los mismos derechos [para ir a las islas] que cualquier otro extranjero…”. Mientras tanto, Di Tella se distraía con los ositos, ellos sí, mudos de vergüenza.

En línea con el retroceso diplomático del “paraguas” y la “estrategia de seducción”, el menemismo avanzó con dos medidas adicionales que debilitaron aún más la estrategia multilateral argentina en relación con Malvinas: el llamado “portazo” al Grupo de Países No Alineados y el retiro de la Asamblea General de las Naciones Unidas del reclamo que venía realizándose con éxito desde 1965. Bajo estos condicionamientos, traspaso de recursos y concesiones, fueron restableciéndose las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Gran Bretaña durante la década del ’90.

Desde entonces, las conversaciones entre las partes –ya bajo el “paraguas de soberanía” y los “deseos” kelpers– se focalizaron en los siguientes dos aspectos conflictivos: la explotación de los recursos ictícolas y la exploración-explotación de los recursos petroleros en aguas malvinenses. Ni lenta ni perezosa, la rapacidad inglesa hizo honor a su historia. En 1991 Gran Bretaña decidió convocar unilateralmente a licitaciones para la exploración de las zonas circundantes a las islas Malvinas, ratificando la zona exclusiva de las 200 millas según lo resuelto en 1986.

Nos vemos,


Fuente: BAE