5 de julio de 2010

Bouduo: "A un paso del cierre del default histórico"

En el transcurso de la convertibilidad la deuda pública se incrementó en 86.000 millones de dólares para alcanzar un total de 144.000 millones antes del default. De ese monto, 100.000 millones correspondían a deudas con acreedores privados y el resto eran préstamos de organismos multilaterales de crédito, además del Club de París. Salvo lo adeudado a organismos (32.000 millones), el resto se declaró en default a fin del 2001 ante una economía quebrada y una población donde el 50 por ciento estaba inmersa en la pobreza.

Una vez que la economía se sacó el corset de la convertibilidad empezó a crecer, estableciendo las condiciones para renegociar la deuda. En 2005 fue el primer canje de deuda. La oferta oficial fue aceptada por el 76,2 por ciento, al canjear 81.800 millones de dólares de títulos en default, por nuevos bonos del gobierno nacional por 41.600 millones de dólares (incluyendo los intereses capitalizados y CER a la fecha). Cinco años más tarde, en 2010 se cerró la segunda etapa del canje: entraron 12.100 millones (66 por ciento) y se entregaron nuevos bonos por un total de 7200 millones de dólares.

Entre los dos canjes ingresaron 93.900 millones, equivalentes al 92,4 por ciento de todos los títulos en default en manos privadas a fin del 2001. Los mismos fueron canjeados por nuevos bonos por un monto nominal total de 48.800 millones. La quita nominal implícita alcanza los 45.100 millones, equivalente al 48 por ciento del monto original. Sólo resta renegociar 6200 millones, aunque 4500 millones de dólares estarían en manos de fondos especulativos que apuestan a la vía judicial y casi no hay oferta que acepten que no sea el 100 por ciento.

Un aspecto no menor es que los nuevos bonos emitidos permitieron cambiar la estructura de la deuda pública. No sólo se extendieron los plazos y se bajó la tasa de interés, sino más importante aún, en 2005 una parte considerable aceptó deuda pública en moneda nacional, lo que hizo que actualmente cerca del 46 por ciento se encuentre nominada en moneda local.

El canje de 2005 demandará 2800 millones de dólares en concepto de intereses, los cuales su mayor parte se explican por el Bono PBI (1800 millones). El canje 2010 adiciona otros 800 millones (mitad intereses y mitad Bono PBI). Es decir, los 93.900 millones de dólares en 2001 se transformaron en 48.800 millones en 2010. Esta deuda devenga intereses por 3600 millones cuando la economía crece y sólo 1400 cuando no paga el Bono PBI, equivalente al 1,0 y 0,4 por ciento del PBI 2010, respectivamente, los cuales una parte es en moneda local y una parte no menor es deuda intra sector público.

Tras la estatización de las AFJP y compras del BCRA, de los 48.800 millones de dólares de títulos, 17.500 millones es deuda intra sector público (36 por ciento), reduciendo a 2600 millones la exigencia por intereses en 2011, equivalente a 0,7 por ciento del PBI. En 2001 el Gobierno inmerso en una trampa financiera bajo la “lógica” de la convertibilidad pagó 10.000 millones de dólares por los intereses de la deuda pública.

En suma, la renegociación de la deuda pública permite cerrar de buena manera parte de la trágica historia de la convertibilidad. Trágica porque la deuda y el default reflejan los fracasos del pasado. De buena manera porque Argentina negoció en condiciones favorables para evitar que el peso de la deuda se transforme en una mochila que ahogue el crecimiento de la economía, postergando el desarrollo. Argentina cargó con el estigma de la deuda pública desde la década del ’70 y por primera vez camina sin esa mochila en su espalda. La deuda pública neta es del 30 por ciento del PBI y el pago de intereses demanda 1,5 por ciento del PBI.

Como decimos siempre en el Club, Argentina es muy generosa, no es sectaria ni excluyente, por eso existen personas como José Luis Espert que dicen cosas como estas:
Los pueblos desesperados como el nuestro de la crisis 2001/2002, compran cualquier discurso por más dañino que sea en el largo plazo.

Es como la falta de educación. Cuanto menos se cultiva al votante, es más fácil para el político de turno tener propuestas huecas o absurdas y que además el pueblo se las vote. De la misma manera, a medida que nos alejemos del mundo desarrollado, cada vez sabremos menos de él y él sabrá menos de nosotros. Iremos perdiendo el tacto por lo bueno y lo bizarro y decadente se transformará en nuestro opio cotidiano.

Al menos hoy, estamos sin duda alguna, con menos libertad de expresión, de informarnos, de disentir, de ejercer negocios libres que en mayo de 2003 cuando Néstor Kirchner asumía la presidencia.
Nos vemos,



Fuente: Econométrica SA


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