6 de abril de 2009

Los pueblos no se suicidan

En la reunión del G-20 hubo un reconocimiento de que la crisis mundial requiere cambios en la estructura del sistema económico y financiero internacional, algo que Argentina viene sosteniendo desde hace tiempo. Más aún, la Presidente hizo incapié durante sus intervenciones, en la necesaria psarticipación del Estado en la regulación de la economía. Esa es la conclusión, la síntesis, el corolario de esta reunión. Curados de espanto, cada país impondrá un combo anticrisis sobre la base de la regulación de variables que, de a poco cambie las estructuras productivas.

La experiencia destructiva del neoliberalismo en nuestro país nos permite una ventaja con relación al resto. Sabemos mucho de contención social. La mayoría de los economistas sabe que está en marcha una depresión económica global. Aunque no saben cuánto durará, certifican, con los números a la vista, la caída de la ocupación, del crédito, del consumo y de la inversión, y ya no discuten por eso.

Ahora la mayoría de ellos analiza cuáles serían las correcciones necesarias que requiere la estructura y el funcionamiento financiero para que no vuelva a generar un endeudamiento apalancado al infinito sobre bases virtuales, que fue la causa de esta crisis.

Se sabe que la culpa no fue exclusivamente de los bancos sino de una dinámica capitalista que privilegió los beneficios fáciles que produce la renta financiera y no los que genera el trabajo.

Los argentinos sabemos mucho de esto porque hace doscientos años padecemos a una clase dominante que en los albores de la nacionalidad eligió la renta (agraria, financiera) como su fuente favorita de beneficios en detrimento de la ganancia industrial. Por eso su conflicto histórico con el peronismo, ayer y hoy.

Sin ir más lejos, la disputa entre el Gobierno y los agronegocios está fogoneado por la financiarización de la renta agraria, que convirtió a los chacareros en rentistas y a los pooles de siembra en una nueva oligarquía. Al igual que en la atribulada historia argentina, la crisis mundial no es culpa de las chimeneas y de las manos con grasa sino de la timba y el guante blanco.

Por más que les pese a quienes prefieren ver a un gobierno derrotado, aun cuando las consecuencias económicas las sufre el país, el eco de la reunión del G-20 en Londres traerá liquidez desde el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y el Banco Mundial, y sumado al acuerdo entre el Banco Central y el Banco Popular de China, se reavivan las esperanzas para enfrentar lo que todavía queda de la crisis internacional mediante la política fiscal expansiva, sobre todo en inyección de fondos en obras públicas.

Compañeros, como bien dice Jorge Giles, los pueblos no se suicidan y los relojes siempre giran hacia el futuro, no hacia el pasado. Las fuerzas oligarcas de esta modernidad, se quedaron sin libreto.

Nos vemos


3 comentarios:

LeoAbsurdo dijo...

Los pueblos no se suicidan, cierto. Algunos gobiernos sí: preguntales sino a Letonia, Irlanda, Checoslovaquia, etc...

johnny monsanto dijo...

Compañero, nunca vamos a ser un pais industrial ya que los industriales invierten sus ganancias en campos en vez de tecnificarse, un ejemplo esperancino tiene en su zona.

Marcelozonasur dijo...

Johnny, no será al revés? los estancieros hacen fortunas hace 200 años... y todos los años lloran miseria y dicen que se funden. Ni hablar de reinvertir la ganancia extraordinaria durante de 200 años para el desarrollo del ispa no? je