12 de marzo de 2009

La sinceridad de las villas y los countries

Al inicio de Marzo/09 leímos sobre el homicidio del asistente de Susana Giménez y vimos también la reacción de toda el espectro de personas públicas: artistas, políticos, economistas, premios nóbeles, entre otras celebridades y la de Marcelo Tinelli. Lo destaco porque él ha dicho: Los delincuentes están libres y yo vivo en countrie entre rejas. Y esta expresión me quedó picando porque recuerdo que a fines de 2008 se armó un lío tremendo con el reclamo que le hicieron al gobierno porteño para que se les entreguen los títulos de los terrenos a los habitantes de la Villa 31. También, lo marco para hacer contraste, el blanco sobre negro, el contrasentido de dos maneras de vivir y conseguir tierras. Paradojicamente, las dos clases de habitantes son el resultado de la misma política aplicada desde 1990 hasta el 2001.

Orlando Barone ha escrito La sinceridad de la villa y de los countries y me parece bueno releerlo en esta época en que el gobierno trata de corregir las asimetrías heredadas del neoliberalismo.

"Para ser sinceros, no deberían existir villas miseria como la Villa 31. Pero existen y tienen muchos años. A medida que se iban multiplicando aquí y allá los asentamientos precarios, se iban multiplicando aquí y allá los countries y los barrios cerrados.

Hoy hay más countries que villas; pero más villeros que vecinos bronceados. Es que el espacio discrimina y a “los más” les corresponde menos espacio. Se editan páginas exclusivas para countries, pero no hay páginas exclusivas para barrios pobres, salvo las policiales. Cuanto más cumplían los pobres con el precepto “creced y multiplicaos” menos casas tuvieron. Y cuanto más ricos se hicieron los ricos levantaron más casas y más grandes.

Desde hace tiempo se ha hecho bastante incómoda la convivencia de seres todos con alma, pero envasados en packaging distintos. Los ricos, los semi-ricos y los convencidos de que son ricos no quieren saber nada de los pobres. Y paradójicamente los pobres, a medida que los ricos quieren distanciarse y se mudan lejos o se encierran, se les pegan al lado de las murallas, o al borde de la autopista que conduce al palacio.

No sea cosa que pretendan olvidarlos. Hay que tener anticuerpos finos, para contemplar tanta miseria desde arriba de una autopista a bordo de un auto cuyo tablero habla y canta y da masajes. ¡Si al menos el automovilista estuviera seguro de que paga todos los impuestos sin hacer trampa! Los que tuvimos aquí alguna modesta suerte argentina crecimos y nos educamos en un país desparejo: como la mayor parte del mundo. Aunque bastante menos aquí, pero igual brutalmente desparejo.

Hace décadas no nos parecía tan cruel porque se podían comprar esperanzas sin desconfiar en el que las vendía. Hoy el contraste nos choca en la cara. Digo en la cara y no en el corazón porque eso está por verse. No todos lo tienen en funcionamiento en la dirección adecuada. Ahí está la publicidad dirigida a quienes consumen, pero a la que también ven quienes solo consumen el aviso. No sé si quien desde una choza mira en la tevé un palacio colmado de manjares y un auto carísimo cargado de lujuria, sueña con que el destino alguna vez le depare todo eso, o siente que es un idiota que permite que otro humano se le ría en la cara cuando él llora.

Se dice que es la educación la que detiene esta idea incivilizada. Creo ser mediocremente educado y sin embargo hay veces que viendo en la pantalla la riqueza desbordada, siento ciertos deseos inconfesables. Es probable que yo mismo esté ofreciendo a otros la tentación de sentir hacia mí deseos peores. Sé que la riqueza desbordada delante del que desborda de pobreza, se lo busca. No es lícito creerse impune desnudándose lascivamente ante los ojos del que lo único que todavía no perdió es el deseo.

Lo de ayer de la Villa 31 excede largamente la cosmovisión inmobiliaria vip del Gobierno de Macri; también la del Gobierno Nacional, si es que debajo de su discurso tiene alguna verosímil; y excede además las cosmovisiones del café o de la cola del banco donde todos opinamos al pedo. Sí, como ese pedo acobardado e hipócrita que ayer describió aquí Serrat y que da asco. Frente a una villa, sé que desde algún escondite, un monstruito agazapado en mi inconsciente la juzga desde el rechazo, el desdén y el prejuicio. Es un canalla que reprimo porque me da vergüenza. Es el que dice que a esa gente “le gusta” vivir en ese estado. “Le gusta”. Son masoquistas. Para el monstruito la solución es simple: acabar con las villas sea con palas mecánicas o con palos. Sin villas no habrá villeros. Es fácil"

Nos vemos


1 comentario:

Martín LatinoameriKano dijo...

Muy lindo lo de Barone. Ultimamente era lo único rescatable de Radio Continental. Afortunadamente no está mas ahí.